Era un sábado por la tarde y dos hermanos jugaban a los mineros en el jardín trasero de su casa. Carlos acababa de cumplir 12 años y era el hermano mayor de Daniel, a quien le llevaba cuatro años. Daniel seguía a Carlos a todas partes: mientras Carlos hacía hoyos en el jardín, Daniel retiraba la tierra con la ayuda de una pequeña cubeta. En el décimo hoyo que hicieron encontraron una pequeña máquina metálica. Carlos la tomó con cuidado y se la enseñó a Daniel. En la máquina había una serie de números que cambiaban al girar una pequeña perilla que estaba adornada con varios focos de diferentes tamaños y que prendían de distintos colores.

 

-¿Qué es eso?- Daniel preguntó mientras giraba la perilla del aparato.

-No lo sé, pero no lo toques- Carlos exclamó.

Antes de que Carlos pudiera moverla, Daniel apretó un botón que se prendió al momento de dejar de mover la perilla. En ese instante, todo a su alrededor empezó a dar vueltas. Carlos soltó un leve grito de sorpresa y Daniel le agarró fuertemente la mano.

 

Después de unos minutos, su entorno dejó de girar y para su sorpresa descubrieron que ya no se encontraban en el jardín trasero de su casa, sino a la mitad de un desierto.

-¿Qué fue lo que pasó?- Daniel preguntó sin soltar a su hermano.

-¡Te dije que no tocaras la máquina!- Carlos regañó a Daniel mientras veía el aparato que seguía sosteniendo en su mano.

-¿Qué dice ahí?- Daniel preguntó en lo que señalaba la pantalla de la máquina.

-Dice año 40 a.C.- Carlos leyó en voz alta- ¡No puede ser! ¡Es una máquina del tiempo!

-¿Viajamos en el tiempo?- Daniel preguntó confuso.

-Eso creo- Carlos contestó. Creo que estamos en el año 40 antes de Cristo.

-¡Estamos en Egipto!- Daniel comentó dando pequeños saltos de alegría-. Mira, ahí están las pirámides.

 

Carlos volteó a ver hacia donde su hermano menor señalaba y vio las tres grandes pirámides al fondo, abrió sus ojos llenos de sorpresa y empezaron a caminar hacia el monumento.

-¿Cómo le vamos a hacer para regresar?- Daniel exclamó.

-Yo creo que si giramos la perilla hasta el año en el que estábamos regresaríamos a casa- Carlos dijo mientras hacía girar la perilla.

-Tiene que decir 2019- Daniel confirmó.

-Yo sé en qué año vivimos, hermanito- Carlos contestó riendo-. ¡Listo, 2019, allá vamos!

 

Los dos hermanos se tomaron de la mano y esperaron a que el mundo comenzara a girar, pero después de unos momentos sin que sucediera nada, Daniel dijo:

-Yo creo que hiciste algo mal-.

-Eso fue lo que hiciste tú antes de llegar aquí- Carlos comentó mientras se rascaba la cabeza-, no sé qué hice mal.

-También apreté ese botón- Daniel expresó mientras lo presionaba.

 

En ese instante, el mundo empezó a girar y los dos hermanos soltaron un grito de alegría hasta que aparecieron en el piso de su jardín riendo sin parar.

-¡Hay que hacerlo otra vez!- Daniel exclamó entre risas.

-Hoy ya es tarde, Daniel. Vamos a descansar y lo intentamos nuevamente mañana. ¡Piensa a quién te gustaría conocer!

-¡Quiero platicar con Cristóbal Colón!- Daniel respondió emocionado.

-Sólo lo quieres conocer porque estás aprendiendo de él en la escuela- Carlos comentó riendo.

-Tú me dijiste que pensara a quien me gustaría conocer- Daniel reclamó.

-Está bien, Daniel. Ya es hora de dormir, pero mañana será un día lleno de grandes aventuras.

 

Y, de esa forma, los dos hermanos regresaron al interior de su casa, agarrados de la mano mientras Carlos sostenía la máquina del tiempo con su otra mano.

 

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Aventuras en el Tiempo Parte I y II © Diego Diz Rodríguez

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