Aventuras en el Tiempo

Parte II

-¡Carlos, Carlos!- Daniel gritó emocionado mientras entraba corriendo al cuarto de su hermano. ¡Despierta!

-¿Qué es lo que pasa?- Carlos preguntó aún adormilado.

-Quiero ir a conocer a Cristóbal Colón y viajar con él- Daniel respondió emocionado.

-Pensé que había sido un sueño- Carlos dijo mientras se estiraba.

-¡No!- Daniel exclamó en lo que corría hacia la mesa del rincón y agarraba la máquina-. Mira, aquí está la máquina del tiempo.

-Muy bien, pero nos tenemos que vestir, no podemos ir al pasado en pijama- Carlos aseguró.

Daniel salió corriendo en dirección a su habitación, dándole un poco de tiempo para que Carlos acomodara sus ideas. A los pocos minutos, Daniel entró saltando en un pie mientras se terminaba de poner los calcetines.

-¡Listo!- exclamó sin poder contenerse-. ¿Cuándo nos vamos?

-Ve pensando en qué momento te gustaría llegar- Carlos comentó mientras entraba a su baño-. Dame unos minutos para lavarme los dientes y cambiarme.

 

Daniel empezó a girar la perilla de la máquina del tiempo hasta que el año 1492 apareció en la pantalla; colocó el artefacto sobre el escritorio con delicadeza y, sin ganas de apretar algún botón, corrió hacia la cama de su hermano y se sentó en la orilla, moviendo impacientemente los pies. Después de unos minutos, Carlos salió del baño listo para irse con su hermano.

-¿Ya tienes todo?- Carlos preguntó mientras sujetaba la máquina-. ¿Quieres ir a ese año?

-Sí, sí, Cristóbal Colón zarpó hacia América en ese año- Daniel explicó-, ¿yo puedo apretar el botón?

 

Carlos estiró sus brazos para que su hermano pudiese apretar el botón y, después de que lo hizo, todo a su alrededor desapareció en un torbellino de colores. Pasaron unos minutos y ambos surgieron a mitad de un puerto el 3 de agosto de 1492.

-¡Estamos en el puerto de Palos!- Daniel expresó entusiasmado-, ¡mira!, ahí están los barcos de Colón.

-Vamos a subirnos a un barco- Carlos sugirió mientras caminaba discretamente por el muelle.

-Que sea a la Santa María- su hermano pidió mientras lo seguía.

Los dos hermanos caminaron llamando la atención de todas las personas que habían a su alrededor.

-¿Por qué nos miran?- Daniel preguntó asustado.

-Porque nadie utiliza jeans, camisas y tenis en esta época- Carlos respondió al tomar algo de ropa que había en un barril-, vamos a cambiarnos.

Los dos hermanos se metieron en un callejón que encontraron vacío y se cambiaron de ropa, se pusieron unos pantalones anchos, unas botas de potro y una camisa blanca. Toda la ropa les quedaba grande, pero por la emoción y ganas de estar ahí, decidieron salir del callejón de esa manera.

 

Con sus nuevas prendas parecían dos niños que disfrutaban de un tranquilo paseo por el puerto, hasta que se aproximaron a los grandes barcos que estaban atracados al puerto. De repente, Carlos vio que estaban subiendo unos barriles y le dio un codazo a su hermano. Daniel entendió lo que Carlos estaba pensando sin necesidad de hablar. Los dos hermanos corrieron hacia los barriles y, en el momento preciso en que nadie los vigilaba, decidieron entrar en ellos y esperar para abordar el barco. Pasaron algunos minutos en silencio e inmóviles hasta que un par de personas cargaron finalmente los barriles y los subieron a la embarcación. Los hermanos aguardaron y, cuando pensaron que estaban seguros, salieron de su escondite.

 

-¡Estamos en un barco!- Daniel exclamó alebrestado-, ¿qué hacemos ahora?

-Tratar de pasar inadvertidos- comentó Carlos-, hay que tratar de que no nos bajen antes de que zarpen.

Los dos regresaron a los barriles y esperaron para que el barco partiera. Pasaron varios minutos callados cuando de la nada un grito rompió el silencio y la monotonía.

-¡Suelten las amarras!- Colón gritó-, nos vamos a las Indias.

Inmediatamente, varias personas empezaron a correr por todas partes y se escucharon varios golpes.

-¡Qué emoción!- Daniel exclamó en voz baja.

 

Cuando el ajetreo había pasado, los dos hermanos se atrevieron a salir de su escondite y empezaron a deambular por el barco hasta que alguien los detuvo.

-¿Qué hacen dos niños en mi barco?- Cristóbal Colón sentenció-.   

-No nos creerá, señor- Carlos empezó a contarle-, pero mi hermano y yo encontramos una máquina del tiempo y decidimos venir a visitarlo.

-Tienen mucha imaginación, niños,- Cristóbal completó riendo-. No daré media vuelta, pero tengo planeada una escala en las islas Canarias. Los dejaré en ese lugar para que puedan seguir con su historia de la máquina del tiempo.

-Una vez que estés en esa isla, te recomiendo cambiar las velas de tu barco, poner unas cuadradas, eso hará que sea la más rápida de las tres- Carlos opinó.

-¿Cómo sabes tanto de barcos?- Cristóbal Colón dijo con curiosidad.

-Son cosas que leí en libros de historia. También sé que llegarás el 9 de agosto y que pasarás poco menos de un mes en esa isla.

-¿Todo eso lo sabes porque salió en libros?- Cristóbal Colón preguntó sorprendido.

-¡Así es!- Daniel exclamó emocionado- tú descubriste América.

-¿América? ¿Qué es eso?- Cristóbal Colón gritó.

-Es el nuevo continente que descubrirás- Daniel explicó-; tú crees que vas rumbo a las Indias, pero no es así.

-Pasarán los días en mi camarote- Colón comentó-, ahí no levantarán tantas sospechas entre los tripulantes, además podrán contarme todo lo que saben.

-¡Pero quiero ver el barco!- Daniel se quejó.

-Lo verán en las noches- Colón respondió.

 

Los días transcurrían lentamente y los hermanos los pasaban en el cuarto del capitán. Desde ese espacio, veían y escuchaban todo lo que pasaba a su alrededor. Cuando Colón tenía un rato libre, se dirigía a su camarote para que los niños le pudieran platicar lo que sabían.

-¿Entonces no llegaré a las Indias?- Colón inquirió después de analizar un mapa.

-No, en tu primer viaje llegarás a varias islas del nuevo continente- Carlos pronunció.

-¿Primer viaje?- Colón preguntó atónito-. ¿Cuántos hice?

-Hiciste cuatro viajes hacia América- Daniel contestó.

-¡Qué interesante!- Colón comentó mientras veía el mapa-. Muchas gracias por toda su ayuda.

 

Al séptimo día de viaje se divisó tierra: los hermanos y Colón llegaron a las islas Canarias. El explorador desembarcó junto a Carlos y Daniel, y cumplió lo que les había prometido al principio del viaje; cambió las velas de la Santa María y arregló el timón. Esos cambios convirtieron al barco de Colón en el más rápido de los tres.

 

-Yo creo que es momento de separarnos- Carlos dijo al caminar en la isla.

-¿Por qué?- Colón pronunció claramente decepcionado-, ¿no puedo hacerles cambiar de opinión?

-Porque ya vivimos la experiencia de navegar en un barco antiguo y tuvimos el placer de conocerte- Carlos expresó-, además sería muy pesado para ti dividir tu atención entre el barco y dos niños. Es mejor volver a casa.

-Me da tristeza verlos partir- Colón comentó-, pero agradezco todos los consejos que me dieron.

-Hasta luego, señor Colón. Fue un gusto conocerlo, Daniel comentó.

 

Carlos sacó la máquina, giró la perilla hasta que apareció el año 2019 y apretó el botón. De nuevo, el entorno que rodeaba a los hermanos empezó a modificarse hasta que el cuarto de Carlos apareció. Ya era de noche por lo que decidieron irse a dormir lo más pronto posible.

-Fueron unos buenos días- Carlos comentó mientras ponía la máquina en su escritorio.

-Me gustó mucho conocer a Cristóbal Colón y viajar en su barco- Daniel expresó.

-Ojalá le sirvan los consejos que le dimos- Daniel añadió.

-Claro que sirvieron- Carlos dijo-; si no las cosas serían diferentes.

-¡Qué bueno que le advertiste sobre los motines!- Daniel dijo.

-No es correcto no ayudar a alguien cuando lo necesita, además, de esa forma pudo tener mucho tiempo para planear qué hacer cuando sucediera.

-Se me sigue moviendo el piso- Daniel comentó- creo que me recostaré.

-¿A quién conoceremos mañana?- Carlos sondeó antes de que su hermano saliera del cuarto.

-Te toca elegir a ti- Daniel contestó al cerrar la puerta.

-Lo pensaré durante la noche- Carlos dijo a sí mismo antes de acostarse.

 

Y, los hermanos regresaron a sus camas después de haber vivido una aventura sin igual, emocionados por lo que les deparaba al amanecer.

 

 

Espera la tercera parte.

 

Aventuras en el Tiempo Parte I y II © Diego Diz Rodríguez

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