Los tres aparecen en un cuarto oscuro. La luz que emana el portal es la única fuente de iluminación pero este se cerró a los pocos segundos, dejándolos de nuevo en una oscuridad total.

–Esto luce prometedor –Diego exclama mientras voltea a su alrededor tratando de observar algo.

–¿En dónde estamos? –Katherine pregunta en lo que coloca su mano sobre el hombro de Aiden–, no alcanzo a ver nada.

Antes de que Aiden pudiera responder, una puerta rectangular se abre al fondo del cuarto. A mitad de la puerta aparecen cuatro personas de las que solo se puede apreciar la silueta debido a la falta de iluminación. Las siluetas muestran pequeñas diferencias entre sí. Desde la distancia, se aprecia que el cuarteto está conformado por dos mujeres y dos hombres. Uno de ellos sobresale por su altura, pero el resto muestra un contorno similar.

Diego hace que Curzak se materialice en su mano y adopta una posición de ataque, flexionando sus músculos; Aiden, al darse cuenta de las intenciones de su amigo le coloca su mano en el pecho dándole a entender que no hiciera nada impulsivo. Luego, da unos pasos hacia delante y suelta una pregunta.

–¿Skandar?, ¿eres tú?

Aiden frena su avance ante la falta de respuesta e instintivamente lleva su mano hacia la cintura, rozando el mango de la pistola. Siente que, a su espalda, Katherine hace aparecer un bō y que la tensión crece.

–¿Quiénes son las personas que te acompañan? –la silueta más alta pregunta.

–Él es mi maestro, Diego, y Katherine es su aprendiz –Aiden explica visiblemente más relajado retirando la mano de la pistola e indicando a sus compañeros que se tranquilizaran–. Les pedí ayuda para poder terminar con el trabajo.

Los tres alcanzan a ver como una de las siluetas aprieta un interruptor y, con un suave zumbido, la puerta se empieza a cerrar de nuevo, extinguiendo poco a poco la luz. Una vez que se cierra, se escucha como alguien apachurra un botón y segundos después una docena de lámparas se prenden al unísono.

 

Diego y Katherine, observan maravillados lo que las lámparas acaban de revelar. El cuarto es más amplio de lo que les había parecido. El piso, en su totalidad, es de mármol negro con rayas blancas sin un orden aparente. Las paredes son del mismo color que el piso y a tres cuartos de altura una gruesa línea recta de color naranja y amarillo atraviesa toda la estancia. Debajo de la línea se pueden observar diferentes dibujos hechos con pintura neón, donde predomina el color verde y el cian. El dibujo que más les llama la atención es el de la parte posterior de un coche que da la impresión de alejarse hacia el horizonte. Empotrado en una de las paredes se encuentran cuatro tubos de vidrio, lo bastante amplios para que una persona adulta se meta en ellos. En el centro de la habitación hay una gran mesa de vidrio con forma circular y no hay ni una sola silla. También perciben que cerca de una docena de pantallas planas y ordenadores se encuentran desperdigados por todo el lugar. Finalmente, observan a las cuatro personas caminando hacia la mesa de vidrio; todos visten de manera similar que Aiden, pero sus trajes son de color negro. Antes de llegar a su destino, hacen una breve pausa frente a los tubos. Los cuatro, al unísono pasan su mano a escasos centímetros del cristal y una puerta se abre sin hacer ruido. El grupo de personas ingresa a los tubos y mantienen posición de firme. A los pocos segundos, el traje que utilizan desaparece y revela el aspecto de las personas. Una vez terminado el proceso, los cuatro salen de los tubos y caminan hacia la mesa de vidrio.

–Bienvenidos a Duin, mi nombre es Skandar –comenta uno de ellos con voz profunda y tranquila al llegar a la mesa.

Skandar mide cerca de dos metros de alto, sus ojos color avellana analizan con detenimiento a los recién llegados; su tono de piel oscuro, su espesa barba y su cabeza rapada le dan un aspecto imponente. Viste un chaleco de cuero negro ceñido que resalta su musculoso cuerpo, sus fuertes brazos se encuentran descubiertos y sus manos están dentro de los bolsillos de unos jeans negros.

–Ellos son mis compañeros –Skandar continúa sin apartar la mirada de Diego–, a mi izquierda se encuentra Sholtho, un experto en robótica y nanotecnología. La mujer de mi derecha se llama Thía, no conozco a nadie que sepa más de armas y peleas que ella. A su lado ven a Jacqueline, ella es la mejor conductora de todo Duin.

Los tres acompañantes inclinan la cabeza a modo de saludo, pero se abstienen a realizar algún comentario. Cada uno de ellos se mantiene estático, observando a los recién llegados con curiosidad.

–¿Y eso para qué nos va a servir? –Diego pregunta mientras se acerca a la mesa.

–Te pido una disculpa de antemano, Skandar –Aiden comenta de inmediato–, Diego es una de esas personas que comenta todo lo que piensa sin detenerse a reflexionar.

–No hay cuidado, por suerte el éxito de lo que tengo planeado no depende de una sola persona.

–¿Quién eres tú? –Diego pregunta desconfiando de Skandar–. ¿Líder de la rebelión? ¿jefe de algún clan? ¿o simplemente te gusta sentirte importante?

Thía y Jacqueline desenfundan sus armas, las cuales siempre llevan amarrada al cinto y apuntan al pecho de Diego a modo de respuesta. Skandar esboza una leve sonrisa y con un gesto de su mano les indica a sus compañeras que guarden las armas, las dos asienten con la cabeza, enfundan su arma y se quedan en posición de firme.

–Ya veo, eres el muchacho problemático, al que le gusta meterse en problemas y luego salir como héroe –Skandar señala sin dejar de sonreír–, quiero que sepas que las cosas aquí no son un juego. Encabezo la rebelión y nuestra misión principal es destruir el imperio que construyó SehzCorp.

–Les di un pequeño resumen sobre la situación actual de Duin –Aiden interrumpe sin dejar de sentir tensos los hombros por culpa de su amigo.

–Perfecto, entonces podemos omitir esa pequeña parte y pasemos a la explicación de lo que sucederá en un par de horas –Skandar comenta mientras coloca una mano sobre la mesa

 Al momento en que la mano hace contacto con el vidrio, aparecen tres imágenes holográficas en la mesa. Skandar alza la mano y las imágenes se transforman en hologramas 3D, permitiendo analizarlas con lujo de detalle. Diego y Katherine observan fascinados como funciona la tecnología en ese mundo.

–El día de hoy se celebra el aniversario de SehzCorp –Skandar comienza a explicar mientras manipula los hologramas. Sobre la mesa aparece la imagen de un gran edificio construido en su totalidad con metal y cristal con las letras “SC” cerca de la cima–. Y como cada año, se celebran unos juegos especiales.

–¿A qué te refieres con especiales? –Diego interrumpe mientras analiza con detenimiento el edificio.

 

Aiden voltea a ver a su amigo y rápidamente regresa la mirada a Skandar quien mantiene su semblante inexpresivo, escucha que Katherine trata de contener la risa y comenta apenado:

–Diego, espera a que Skandar termine de explicar.

Él entrecierra los ojos y cruza sus brazos, esperando a que su anfitrión reanudara con la explicación.

–Los juegos se dividen en tres –reanuda con la explicación en lo que el holograma del edificio se transformaba en un estadio techado–, en primer lugar, tenemos la lucha “robótica”, es la actividad menos popular. En segundo, se encuentra la arena de la muerte.

Los presentes aprecian como el estadio holográfico es reemplazado por un estadio de tamaño medio, rodeado por asientos y palcos. Al centro se alcanza a apreciar una gran arena rectangular cubierta por una sustancia grisácea.

 –Aquí dentro se lleva a cabo una gran batalla, por eso su nombre. Finalmente, tenemos el evento más popular, una carrera a través de todo Duin; es la carrera más larga y complicada de todas.

–Suenan interesante los eventos –Diego interrumpe de nuevo–. ¿Tenemos que entrar o seremos espectadores? ¿Se puede elegir un competidor favorito?

–Supongo que nosotros participaremos en esos eventos y tus compañeros serán nuestras parejas durante los mismo –Katherine habla por primera vez en mucho rato–. Sholtho participará en la lucha de robots, Thía jugará en la arena y Jacqueline correrá en la pista.

–Bastante acertado tu comentario –Skandar dice ignorando a propósito a Diego–. Pero la idea es que ganen en las diferentes actividades ya que el premio para los ganadores es una cena con el dueño y todos los directores de SehzCorp.

–¡Una cena! Qué premio tan prestigioso, seguro vale la pena arriesgar tu vida por una cena con un par de personas importantes.

–¡Diego! –Aiden salta de inmediato–, ya me estoy arrepintiendo de haber pedido tu ayuda.

–No te preocupes por eso, cada vez que él habla se confirman mis sospechas –Skandar dice esbozando una sonrisa.

–Tus sospechas, sí y ¿cuáles son tus sospechas si se puede saber? –Diego pregunta bruscamente sintiendo como la ira iba tomando el control de su cuerpo.

–Como Katherine mencionó y de manera acertada, mis amigos serán sus parejas durante los juegos –Skandar menciona, ignorando por segunda ocasión a Diego–, es de vital importancia que todos asistan a la cena porque de esa manera tendremos una oportunidad para terminar con el imperio que está llevando a Duin a la ruina.

–¿Cómo pretendes salvar a todos? –Aiden cuestiona con curiosidad.

–Utilizando sus propios métodos. Controlando sus mentes y obligándolos a separar la compañía y cambiar a las personas que se encuentran al mando.

–Suena interesante y prometedor. Claro que sí, pero veo un pequeño pero vital fallo en tu plan –Diego comenta mientras empieza a caminar alrededor de la mesa–. ¡Nosotros no tenemos manera de controlar la mente de las personas!

A forma de respuesta, Skandar extiende su mano y la coloca con la palma hacia arriba frente a Thía, ella, sin dudarlo abre una pequeña caja de cuero que cuelga de su cinturón y extrae una pequeña pastilla de color gris. Sin perder tiempo, la coloca con delicadeza en la palma de su capitán y regresa a la posición de firme. Skandar toma con el índice y el pulgar la pequeña pastilla y la sostiene delante de él, a la vista de todos.

–Ya veo, además de cenar, tenemos que obligar al dueño a que se tome una pastilla –Diego señala después de observar el objeto gris–. A menos que lo forcemos, no logro imaginar otra opción para que eso ocurra.

–Ustedes no tienen que preocuparse por eso, mi equipo será el encargado de tomar el control de SehzCorp –Skandar comenta en lo que le regresa la píldora a Thía–, ustedes enfóquense en ganar los juegos. Si lo logran serán ampliamente recompensados.

–¿Y si fallamos? –Katherine pregunta mostrando una pizca de inseguridad.

–No te voy a mentir, niña. Algunas personas mueren dentro de la competencia, otras desaparecen después de que finaliza el evento. A ciencia cierta, no sabemos qué es lo que ocurre con los participantes que no ganan los juegos –Skandar responde–, pero ese en un riesgo que todos estamos dispuestos a correr.

–No veo que tu corras mucho riesgo, Skandar –Diego acusa colocándose frente a Katherine de manera protectora–, los que nos arriesgaremos somos nosotros y tu séquito.

 

Por segunda ocasión Thía y Jacqueline desenfundan su arma, pero esta vez las dos disparan un pequeño pulso que impacta de lleno en el pecho de Diego, quien siente como una energía electriza su cuerpo y es despedido varios metros hacia atrás. Cae con un golpe seco, se incorpora lentamente y una vez de pie levanta las manos y dice entre jadeos.

–Entendí el mensaje, soy todo oídos.

Skandar vuelve a esbozar una sonrisa y ve por el rabillo del ojo como Thía y Jacqueline guardan sus armas. Él espera a que Diego se reintegre a la reunión y continúa con la explicación.

–Los detalles los verán en unos instantes, primero tenemos que decidir quién de ustedes realizará qué actividad.

–Yo puedo unirme a Sholtho y a la lucha robótica –Aiden responde al instante denotando emoción.

Sholtho asiente con la cabeza y empieza a caminar rodeando la mesa hasta colocarse a un lado de Aiden.

–Manejar no es mi fuerte –Katherine comienza a decir–, lo he intentado en un par de ocasiones y en ninguna fue una experiencia agradable.

–Thía y Katherine –Skandar comenta pensativo–, podría resultar esa combinación. Eso nos deja a Diego detrás del volante junto con Jacqueline.

Siguiendo los pasos de Sholtho, Thía y Jacqueline caminan hacia la espalda de sus nuevas parejas. La primera muestra una cara de alivio mientras se coloca a un lado de Katherine mientras que Jacqueline frunce el ceño y le lanza una mirada asesina a su nueva pareja.

–Vayan con su nueva pareja, ellos les explicaran lo detalles específicos de su trabajo –comenta Skandar mientras da media vuelta y camina hacia los tubos de vidrio–, yo tengo otras cosas que hacer.

Las seis personas se quedan estáticas, viendo como Skandar ingresa en uno de los tubos y su traje negro se materializa sobre su piel, cubriéndolo por completo. Sin mediar palabra, sale de la habitación dejándolos solos.

 

Lee la tercera parte aquí:

Parte III-1

Parte III-2

Parte III-3

 

 

© Diego Diz Rodríguez

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