La amenaza de Duin

Parte III-2

Jacqueline y Diego

 

Después de que la puerta se cerrara pasan un par de minutos en completo silencio, unos con la mirada fija en la salida utilizada por Skandar y otros en el cambiante holograma que muestra diferentes momentos de los tres eventos.

–¡Sígueme! –Sholtho le comenta a Aiden con su voz rasposa–, tenemos mucho trabajo que hacer.

–Nosotros también deberíamos irnos –Thía añade volteando a ver a Katherine–, me gustaría ver como eres manejando cierto tipo de armas.

–Tu y yo nos quedamos aquí– Jacqueline señala con voz autoritaria.

Diego asiente y observa como sus amigos se retiran de la sala con su nueva pareja, dejándolos solos en ese cuarto futurista.

–Bueno… ¿Y ahora? –Diego pregunta incomodo–. ¿Qué sigue?

–Te registro en la carrera, eliges el vehículo de tu preferencia y salimos a la carrera ya que es el evento más largo de toda la noche y comenzará dentro de poco.

 

Jacqueline camina hacia una mesa y toma de mala gana una tableta negra y una cámara fotográfica, Diego aprovecha ese momento para observar a su nueva compañera.

Jacqueline es una mujer de estatura promedio, la cuál es de un metro con setenta centímetros en Duin, de tez clara y cuerpo esbelto, su pelo de color castaño oscuro está amarrado en una coleta y sus ojos son de color gris. Se encuentra vestida con una chamarra negra de cuero con varios parches de marcas desconocidas para Diego, cosidos a la altura del pecho y los brazos, unos picos metálicos sobresalen a la altura de los hombros. Bajo ella se puede ver una camisa blanca de tirantes, un pantalón negro ceñido y unas botas negras con tacón alto.

–Cuando dejes de analizarme, ¿puedes colocar tu mano sobre la tabla negra?

Diego aparta rápidamente la mirada e incomodo coloca la palma de la mano sobre la superficie de color negra. Ve como Jacqueline teclea una serie de palabras en la computadora y poco a poco comienza a sentir como la tabla se va calentando, él no la levanta para evitar algún comentario negativa por parte de su nueva compañera, después de un rato, Jacqueline retira la tabla, sin avisar le toma una foto y de nuevo ingresa unas palabras más en la computadora, tras varios segundos en silencio, ella cierra el programa y voltea a ver a Diego.

–A partir de ahora eres un ciudadano de Duin y más importante de la resistencia, así que deja tu comportamiento infantil y comienza a comportarte como un adulto.

–¡Si, señora! –Diego exclama asumiendo una posición de firme.

–No puedo creer que de todas las personas me toco trabajar contigo –Jacqueline exclama molesta–, lo que me da algo de consuelo es saber que dentro de los coches estaremos solos.

–¿Pero tendremos comunicación? –Diego pregunta sin moverse.

–Por desgracia si. Ahora, deja de hacer tus estupideces y sígueme, vas a elegir tu vehículo y familiarizarte con la ruta.

Los dos caminan hacia la mesa central, la cual había dejado de mostrar las imágenes de los estadios y en su lugar se puede ver una larga pista la cual zigzaguea entre varios edificios, da grandes vueltas cerradas y muestra caídas y saltos impresionantes.

–Es un circuito continuo y la primera persona que cruce la meta después de haber contemplado diez vueltas es la ganadora –Jacqueline comienza a explicar mientras enciende las pantallas que los rodean–. Ahora, si prestas atención a las pantallas veras que en ellas aparecen diferentes vehículos, analiza cada vehículo detenidamente y cuando hayas hecho tu elección me lo haces saber.

Diego comienza a analiza las opciones, empieza con un coche deportivo de color negro, sin ninguna ventana, bajo la imagen se leen las descripciones del vehículo. Continua con la siguiente pantalla y en ella se ve una camioneta todo terreno de color azul marino, equipada con pantallas de humo y unas metralletas en el cofre. Emocionado pasa la vista a la siguiente pantalla y observa una motocicleta deportiva larga de color negro, con grandes llantas y unas pistolas laser en el frente. Él clava la mirada en Jacqueline, esboza una gran sonrisa y ella le corresponde.

–No hace falta que siga viendo –Diego comenta emocionado–, elijo la motocicleta.

 

Jacqueline asiente con la cabeza y teclea de nuevo un par de comandos en la computadora central, al terminar da media vuelta y camina hacia la salida del cuartel, se frena antes de salir y sin voltear comenta:

–¿Vas a seguirme o piensas quedarte ahí parado?

A modo de respuesta Diego trota hasta llegar al lado de su nueva compañera y juntos salen de aquel lugar, integrándose a la gran cantidad de personas que transita por las oscuras calles de Duin.

–¿A dónde van todas estas personas? –Diego pregunta mientras pasa la mirada de una persona a otra.

–La mayoría de ellas se dirige a los estadios para poder ver los eventos –Jacqueline responde sin apartar la mirada del camino–, espero les puedas dar un buen espectáculo.

–Yo no me preocuparía mucho por eso, Jackie. Pero dime ¿hay alguna regla que deba conocer antes de empezar la carrera?

–Antes que nada, tienes prohibido volverme a llamar de esa manera ¿Te queda claro? –Jacqueline comenta frenándose en seco y colocando el dedo índice con fuerza en el pecho de Diego–. Y no, no hay ninguna regla, todo esta permitido dentro de la carrera.

 

Diego abre los ojos sorprendido por la reacción obtenida, siente como el dedo de Jacqueline hace presión con su pecho, momentos después ella lo retira con un brusco movimiento y continúan con el camino bajo las interminables luces de neón que decoran todos los edificios hasta llegar a una caja de vidrio custodiada por cinco guardias de seguridad fuertemente armados, la cual se encuentra a mitad de la avenida principal. Jacqueline saca de su chamarra dos identificaciones y se las entrega al jefe de los guardias, él las inspecciona y las ingresa a un aparato portátil, después de unos leves momentos el aparato muestra una luz verde y el guardia les abre la puerta de la caja de vidrio. Los dos competidores ingresan después de tomar las identificaciones y esperan pacientemente a que la puerta se cierre. Al estar completamente aislados del resto de la población Diego voltea a ver a su compañera con intenciones de plantear otra pregunta, pero ella mantiene el rostro serio y fijo en el exterior.

 

Un ligero temblor saca a Diego de sus pensamientos y asombrado ve como el cubo de vidrio comienza a subir, las personas que caminan por la calle hacen una ligera pausa y observan a los dos concursantes. Unos, los más pequeños agitan vigorosamente sus manos a modo de saludo y Jacqueline les regresa el saludo con una sonrisa en el rostro, Diego asombrado no deja de observar a su alrededor ya que proyecciones de sus rostros comienzan a aparecer por toda la ciudad. La caja de vidrio llega hasta una superficie gigante la cual flota a cincuenta metros del suelo, frente a ellos aparece lo que Diego catalogó como la sección de pits, eran pequeños cajones blancos con un par de sillas y una televisión, sobre cada cajón se puede leer el nombre de los corredores. Los recién llegados se dirigen hacia el lugar que les habían asignado y se sientan en las sillas. Detrás de ellos, flotando, se encuentran sus trajes grises y Diego los reconoció al instante ya que son los mismos que Aiden llevaba puesto cuando apareció en Alemania. Solo que uno de estos trajes muestra el número 5 en rojo mientras que en el otro se ve el 7.

 

Los dos observan detenidamente la pantalla ya que en ese momento se están mostrando los nombres y las caras de todos los participantes.

–¿Alguno del que debamos cuidarnos? –Diego pregunta mientras lee los diferentes nombres–. Ewan Bowman, Max Spec, Kaylie Green, Ashley Matheson, Peter McGregor. Estos nombres no me dicen nada.

Jacqueline suelta un largo suspiro, se levanta, se quita su chamarra y se coloca frente al uniforme que tiene el número 5, estira los brazos y sin hacer ningún otro movimiento el traje comienza a colocarse solo, cubriendo cada centímetro del cuerpo, desde los pies hasta el cuello, dejando la cabeza libre.

–Tu turno –Jacqueline le dice a Diego una vez que ella se encuentra lista–, como ves tu no tienes que hacer nada, el traje detecta tu cuerpo y se ajusta el.

 

Diego se coloca frente al traje, con los brazos extendidos y espera a que algo pasara. Como si le hubieran leído el pensamiento, comienza a sentir como el traje lo va envolviendo hasta cubrirlo por completo, una vez listo se sienta de nuevo en su asiento y voltea a ver a Jacqueline.

–¿Ahora que pasó? –Jacqueline pregunta sospechando que Diego iba a hacer algún comentario al respecto.

–Nada, nada –Diego responde de inmediato mientras admira su nuevo traje.

 

Un reportero con micrófono en mano seguido de cerca por un camarógrafo se acerca al cajón de Jacqueline y comienza a realizar una serie de preguntas:

–¿Qué estrategia tienen planeada para el evento?

–Ganar y no morir –Diego responde rápidamente ignorando las miradas asesinas de su compañera.

–No veo ningún fallo en esa lógica –el reportero comenta a modo de burla–. ¿Quién representa un mayor peligro para ustedes?

–Lamentablemente no puedo revelar esa información –Jacqueline responde sin apartar la mirada de Diego–, se terminaron las preguntas.

Los reporteros se alejan rápidamente de aquel cajón y entran al siguiente, esperando tener más suerte en esa entrevista.  

–El uso del casco es obligatorio…

–¿En dónde esta? –Diego pregunta interrumpiendo a Jacqueline–, no lo veo.

Ella contiene un suspiro y se masajea las sienes tratando de contener la ira, a modo de respuesta se levanta, coloca su mano frente a su rostro y la recorre hacia arriba sin tocarla, al instante un casco gris con visor de vidrio se materializa de la nada cubriéndole toda la cabeza. Antes de que Diego pudiera realizar algún comentario, se aleja de su cajón y camina entre los vehículos, perdiéndose entre ellos.

–¡Todos los concursantes a sus vehículos! – un hombre llama por los altavoces–. La carrera comenzara en breve.

 

Diego se levanta al instante, sale del cajón y camina la pista, recorriendo los diferentes coches y analizando a las personas que caminan hacia ellos, todos portan el mismo traje y alguno de ellos ya tiene puesto el casco. Diego imita el movimiento que su pareja había hecho momentos antes y siente como un casco se materializa de la nada. Una vez listo camina hacia su motocicleta y se monta en ella.

–¿Ya estas en posición? –Jacqueline pregunta por las bocinas que vienen instaladas en el casco.

–Me encuentro listo para la carrera. Bueno, estoy entre emocionado y nervioso para ser sincero –Diego contesta después de familiarizarse con su nuevo vehículo–. ¿Tú en dónde estas?

–Un par de coches delante de ti.

–¿Tú eres las del coche negro parecido al Tigre Negro que sale en Meteoro?

–No se de que me estas hablando, pero yo soy la del coche negro con rayas rojas.

–El Tigre Negro es un coche que sale en una serie de televisión de los 60’s llamada Meteoro, es un coche manejado por Kim Jugger, lo más curioso es que…

–Diego, Diego, Diego… ¡Cállate!

 

Diego alcanza a detectar un leve cambio en el tono de voz de su compañera, ya no se nota la hostilidad ni el hartazgo en la voz e incluso se la imagina esbozando una sonrisa. Sus pensamientos fueron interrumpidos por el fuerte rugido de todos los vehículos los cuales fueron encendidos al mismo tiempo siguiendo las ordenes del hombre que habla por los altavoces. Él sigue el ejemplo de todos los demás y tras apretar un botón la motocicleta cobra vida, sintiendo como sube poco a poco la adrenalina.

–¡Buena suerte, Jacqueline! Nos vemos en la meta.

–¡Trata de seguirme el paso!

 

Unas luces rojas en el cielo comienzan a parpadear y tras unos segundos, estas se convierten en verdes dando inicio a la carrera. Diego acciona el acelerador a todo lo que da, pero la motocicleta da una fuerte sacudida y se apaga. Los demás vehículos lo pasan rápidamente dejándolo en último lugar, después de soltar una maldición la enciende de nuevo y en esta ocasión acelera de manera paulatina, poniéndose en marcha.

–Nunca había visto a nadie perderse en el retrovisor tan rápido –Jacqueline comenta a modo de burla–, espero que el resto de la carrera no sea igual.

–Tranquila, Jackie. Lo que acabo de hacer se llama estrategia –Diego menciona utilizando a propósito aquel apodo para poner en práctica su pensamiento anterior.

–Yo estoy tranquila, pero no creo que tu estrategia haya funcionado bien.

–Ya veremos, ya veremos.

 

La carrera esta rodeada de caos, conforme Diego va avanzando se encuentra con diferentes obstáculos y trampas que se activan de manera aleatoria: emergen barreras de concreto, en los laterales hay varias mangueras las cuales sueltan chorros de aceite que poco a poco van cubriendo la pista, en ciertos lugares el piso desaparece y en otros lados hay rampas y lanzallamas. Todo eso sin contar con las múltiples armas con las que se encuentran equipados los vehículos.

–Bien, Diego, una curva a la vez, concéntrate –Diego se dice en fuerte a sí mismo.

 

La primera y gran recta, la cual mide cerca de 3 kilómetros, termina con una curva peraltada hacia la derecha, Diego la pasa a toda velocidad inclinando la motocicleta y roza el piso con la rodilla, a mitad de la curva se encuentra con otra motocicleta tirada y en llamas, él aparta rápidamente la mirada y se concentra de nuevo en la carrera, al terminar la curva aparece ante el una combinación de curvas en “S” las cuales descienden y pasan por debajo de la recta inicial. Mientras atraviesa las curvas unas llamaradas salen de la pared, forzando a Diego a aumentar la velocidad para pasar lo más rápido posible y evitar el fuego.

–Aquí no se andan con juegos ¿no? –Diego comenta al dejar atrás las curvas en “S” y pasar por debajo de la recta–. Por cierto, ya estoy cerca de alcanzarlos.

–¡Y eso que aún no has visto nada! –Jacqueline responde con voz tensa.

 

Diego por poco pierde el control de la motocicleta en la siguiente gran curva debido a que esta se encuentra cubierta por una fina capa de aceite. Al terminar de girar, una larga y pronunciada subida se presenta ante él, finalmente ve a algunos vehículos subir por ella y para su sorpresa un pedazo de la pista desaparece por unos segundos ocasionando que un par de coches cayeran al vacío. Él acelera aun más y comienza el ascenso, prestando especial atención y cuidado a la parte de la pista que desaparece, justo al llegar a la cima ve una gran bajada en espiral, hecha un rápido vistazo y alcanza a divisar al final de la bajada el coche de Jacqueline luchando contra otros dos por la primera posición. El espiral se encuentra formado por cinco círculos los cuales se van achicando conforme vas descendiendo y termina en una recta que se pierde entre los altos edificios de Duin. Diego ingresa al espiral acercándose rápidamente al resto de los coches, conforme va descendiendo siente como la fuerza centrífuga comienza a jalarlo hacia el exterior, el coche que se encuentra delante de él pierde el control y se estrella violentamente contra el muro de contención, Diego disminuye la velocidad y esquiva la llanta del coche que pasa rozándole el casco.

–Ya dejé a un par de rivales atrás –Diego comenta emocionado.

–¡Pero sigues en último lugar! –Jacqueline contesta riendo.

–¡Eso no durará mucho!

 

Dentro del espiral, pasó a tres vehículos, los cuales se habían defendido con sierras giratorias que salían de los laterales de los coches y pequeñas bolas de picos. Mientras intentaba pasar al cuarto una rampa emerge frente a él haciéndolo saltar, en el aire. Diego suelta un grito de emoción y aterriza bruscamente en la pista, esa pequeña trampa lo había ayudado y ahora se encuentra entre la mitad de los corredores. Esa es la peor zona debida al intenso forcejeo de los participantes para tratar de alcanzar a los primeros lugares, llueven balas por todos lados, saltan chispas producidas por los continuos golpes entre vehículos y sumado a todo, las trampas aleatorias de la pista lo complican más. La pista continúa zigzagueando entre los edificios y Diego sigue rebasando vehículos y esquivando trampas, la mitad de la pista se encuentra señalada por un gigante corte de pista y para poder pasarlo tienes que utilizar la rampa, saltar el pedazo de pista faltante y aterrizar del otro lado para poder continuar. Una docena de vehículos separan a Diego de Jacqueline, los primeros coches comienzan a saltar por la rampa y a librar el obstáculo, cuando Diego escucha un fuerte estruendo justo detrás de él, mira los espejos laterales y ve un buggy alargado en color negro, acercándose a toda velocidad, lo que distingue a este vehículo en particular es que se encuentra equipado con una rampa en lugar del cofre y gracias a eso saca volando a los coches con los que se encuentra. Ya esta a escasos metros de la motocicleta, pero Diego, en lugar de acelerar, decide frenar, siente como la rampa hace contacto con la llanta trasera y como la motocicleta se empieza a levantar en el aire y justo cuando el buggy pasa por debajo, Diego acciona uno de los múltiples botones que tiene la moto y de la parte inferior de la moto cae un liquido de color gris el cual cubre por completo al conductor del buggy comprometiendo su visión. Eso ocasiona que al llegar a la rampa la tome de mala forma y el vehículo termine chocando con uno de los edificios.

–¿Viste eso? –Diego pregunta emocionado al dejar la mitad de la pista detrás de él.

–No Diego, ¿cómo lo voy a ver si estoy delante de ti?

 

 

Decepcionado, continua con la carrera, pasa sin mucha dificultad por una serie de curvas tradicionales, lucha con una par de coches en la pequeña recta y desacelera en las chicanas. Finalmente pasa a gran velocidad por la horquilla y al terminar, la gran recta aparece ante sus ojos para terminar con la primer vuelta. Ninguno de los vehículos hizo una parada en la zona de los pits.

–Veo que sobreviviste a la primera vuelta –Jacqueline comenta después de revisar la pantalla central de su coche.

–No se porque te sorprende eso –Diego responde mientras acelera su motocicleta al máximo–. Antes de terminar la segunda vuelta, estaré luchando contigo por la primera posición.

De los cincuenta y siete participantes que comenzaron la carrera, solo cuarenta y tres terminaron la primera vuelta. Diego ya se encuentra dentro de los primeros diez lugares y en las siguientes cuatro vueltas no hubo ningún incidente grave ni digno de mención, solo varios otros concursantes quedaron fuera de la carrera debido a las trampas de la pista o a otros competidores. La sexta vuelta se desarrolla como la anterior pero poco antes de llegar al salto, Diego ve como dos muscle cars rojos se colocan a ambos lados del coche de Jacqueline. Del de la derecha comienza a salir un par de pinzas a la altura de las puertas las cuales sujetan al coche negro impidiendo que se pudiera mover y del otro coche rojo salen dos sierras giratorias las cuales revientan las dos llantas del coche. Al terminar, los muscle cars la sueltan y continúan con la carrera, Jacqueline intenta mantener el control de su coche, pero este comienza a derrapar y a sacar chispas. El coche sin control se acerca peligrosamente a la rampa, Diego acelera al máximo pasando entre otros dos vehículos y observa como el coche de Jacqueline toma la rampa de costado, saltando sin la velocidad necesaria para librar el espacio. Sin previo aviso, el techo del coche se zafa y Jacqueline es expulsada por los aires, Diego llega a la rampa a máxima velocidad y sin dudarlo, salta por ella con la mano derecha extendida hacia Jacqueline, su cuerpo aun se encuentra por arriba de donde iba a pasar la motocicleta por lo que ella gira su cuerpo y extiende ambos brazos. Cuando la moto se encuentra a mitad del camino, Diego toma uno de los brazos y Jacqueline se aferra a él con todas sus fuerzas, ella siente un fuerte jalón hacia la moto y termina sentándose detrás de Diego.  

 

Cuando la motocicleta aterriza en el otro lado de la pista, Diego aplica los frenos y voltea para cerciorarse del bienestar de su compañera.

–¿Qué es lo que haces? –Jacqueline regaña–. ¿Por qué frenas?

–Te pido una disculpa por preocuparme por ti –Diego comenta mientras reanuda la carrera.

 

Esa pequeña pausa les costó varios lugares y ahora se encuentran en la quinceava posición, Jacqueline pasa los brazos alrededor del torso de Diego y aprieta con firmeza, los dos juntos se inclinaban a la hora de dar las curvas. Una camioneta gris todo terreno les impide el paso y Diego se comienza a frustrar.

–¿Por qué no utilizas ninguna de las armas de tu moto? –Jacqueline pregunta al sentir como se tensa su compañero.

–Porque no se que es lo que hagan –Diego responde apenado.

–¿No te familiarizaste con tu vehículo antes de subirte a él?

 A modo de respuesta, Diego presiona otro de los botones que se localizan en el manubrio y la motocicleta suelta un par de bolas negras por el escape las cuales explotan al poco tiempo y una extensa nube de humo se expande por ese trozo de pista. A sus espaldas se escuchan unos choques y chirridos de frenos. Diego aprieta otro botón y en esta ocasión una metralleta sale de la parte delantera y comienza a disparar hacia la camioneta. Esta se defiende tirando un charco de aceite, pero las balas impactan en las llantas traseras y rápidamente pierde el control, sin mucho esfuerzo la motocicleta esquiva el charco de aceite y a la camioneta que fue a dar contra el muro.

–¡Nada mal! –Jacqueline exclama asombrada–, no lo haces mal para no tener mucha idea de lo que estas haciendo.

 

Completaron las siguientes dos vueltas sin ningún otro percance, Diego y Jacqueline se encuentran ahora en la posición número seis faltando solamente dos vueltas para terminar con la carrera. En la quinta y cuarta posición se encuentran los coches rojos que habían tratado de dejar fuera de la carrera a Jacqueline.

–Colócate entre los dos coches y cuidado con sus artimañas –Jacqueline le ordena a Diego.

Diego asiente con un leve movimiento de cabeza, esquiva un muro que se levantó de manera imprevista frente a ellos y acelera tratando de alcanzar a los coches. Se encuentra cerca de ellos cuando siente que Jacqueline suelta su torso, en el espejo retrovisor ve como ella da una vuelta sobre el asiento de la motocicleta quedando espalda con espalda. Él continúa acelerando y cuando se sitúa entre los dos coches ve que se empiezan a juntar entre ellos, tratando de aplastarlos.

–Jackie, no se que tengas planeado hacer, pero parece que tienes poco tiempo – Diego apremia al ver como salen las sierras de los coches.

Jacqueline saca un par de pistolas las cuales forman parte del uniforme, sin dudarlo apunta a ambos conductores al mismo tiempo y dispara.

 

Los cristales de los vehículos se hacen añicos y los pilotos pierden la vida al instante, Diego aplica el freno bruscamente saliendo de entre los vehículos y unos metros más adelante los dos coches colisionan entre sí y terminan sacando humo en el muro de contención.

–¡Brillante movimiento! –Diego felicita impresionado.

–Gracias, ahora continua con la carrera que esto aun no termina –Jacqueline comenta mientras regresa a su posición original.

 

En el espiral gigante rebasan a un deportivo naranja con alerón negro, el cual intentó frenar su avance con unas tiras de picos que desplegó detrás de él, continúan descendiendo por el espiral cuando otra motocicleta los intenta pasar. Los dos vehículos se encuentran prácticamente pegados y Jacqueline le da una patada con su pierna al otro conductor para intentar tirarlo. La motocicleta rival se tambalea y al poco tiempo pierde el control, el piloto termina en el piso mientras que su vehículo cae dando vueltas hasta impactar con el piso.

–¡No te distraigas, Diego! –Jacqueline advierte–, ya quedan pocos concursantes y poco más de una vuelta para terminar con el evento.

 

Al terminar el espiral, Diego y Jacqueline no tienen ningún vehículo cerca por lo que aprovechan para ganar terreno de manera fácil, ellos se encuentran en tercer lugar. Devoran kilómetro tras kilómetro de la pista hasta que finalmente, entrando a la última curva, alcanzan a divisar a los dos primeros lugares de la competencia.

–¿Crees que solo estemos compitiendo nosotros tres? –Diego pregunta después de tomar a la perfección una serie de curvas.

–Lo dudo mucho, pero tu concéntrate en los dos que tienes delante.

Diego asiente con la cabeza y salen de la ultima curva, preparados para la recta. Los otros dos coches se encuentran cruzando la línea de meta y comenzando la última vuelta.

–¿No puede ir más rápido esta motocicleta? –Diego pregunta molesto.

–¡Diego! ¿De verdad no te interesaste en tu vehículo? –Jacqueline cuestiona molesta.

–¿Cuándo, Jackie? Ni tiempo tuve para nada, todo fue: elige esto, sígueme, cámbiate, maneja, gana… –Diego responde mientras cruzan recorren la recta.

Él elije otro de los botones al azar y para su sorpresa, del escape sale una flama de color verde y un incremento de velocidad notorio hace que el vehículo atraviese la recta en un abrir y cerrar de ojos alcanzando a los dos primeros lugares.

–¡Eso! –Diego grita emocionado pasando al segundo lugar en la curva–, ahora si nadie nos podrá detener.

 

Como si la pista lo hubiera escuchado, una pequeña llamarada hace que el aceite del piso se encienda y cubra toda la pista de fuego, Diego abre los ojos sorprendido y aprieta el último botón que le faltaba por utilizar. Para su suerte ese botón hizo saltar a la motocicleta la cual sobrevuela las llamas y aterriza con un suave golpe, dejando ese obstáculo atrás, los dos continúan con la carrera. El coche que tienen delante es de color blanco y bastante parecido al Batimóvil utilizado por Michael Keaton en la película de Tim Burton.

Los dos pilotos parecen conocer ya la pista a la perfección y todas las curvas las toman con profesionalidad y sin error. Diego alcanza al coche blanco en el espiral y lo recorren lado a lado a la máxima velocidad posible, Jacqueline esta consciente de que cualquier choque puede significar su final, pero para no desconcentrar a su pareja decide no verbalizar sus pensamientos. Llegan a la mitad de la pisa al mismo tiempo y dan el salto juntos, como la motocicleta pesa menos que el coche se termina elevando más y pierde un par de segundos, de nuevo el coche blanco tiene la delantera.

 

Diego suelta una maldición y reanuda la persecución, se mantiene a escasos metros de la parte posterior del coche pensando que en las chicanas podría darse su oportunidad de rebasarlo y finalmente tomar la delantera. Las esperadas curvas se acercan y ve como el vehículo blanco frena para evitar chocar con los muros de contención, Diego aprovecha ese momento y lo rebasa por dentro, entre la pared y el coche, pasando extremadamente cerca del muro.

–Tranquilo Diego, cuatro curvas más, luego la recta y, para terminar. La meta.

Diego respira profundamente, mantiene por unos segundos el aire y lo deja salir poco a poco por la boca, la siguiente curva la toma sin problema y solo se alcanza a ver el coche blanco el cual se acerca peligrosamente. La siguiente era una curva en “S” la cual pasa sin disminuir la velocidad.

–Vamos Diego, vamos. Dos curvas más…

La motocicleta se desliza de manera perfecta a través de la penúltima curva, seguida de cerca por el coche blanco y a la hora de entrar a la horquilla el coche alcanza a Diego.

Cuando salen de la ultima curva, la motocicleta y el coche blanco están pegados, ambos conductores con el acelerador a fondo, sacando lo máximo de sus vehículos. Al acercarse a la meta, la motocicleta saca unos centímetros de ventaja y al cruzar una fuerte explosión de confeti y fuegos artificiales dan por finalizada la carrera.

 

Diego acciona los frenos dejando una línea negra de llanta quemada sobre la pista, los dos se bajan del vehículo cuando se detuvo, se quitan el casco y voltean a ver las múltiples pantallas. Todas y cada una de ellas muestran una imagen de ellos con la leyenda de ganadores en amarillo al pie de la pantalla.

Jacqueline esboza una sonrisa de satisfacción y Diego sin poder contener su emoción voltea y le da un fuerte abrazo a su compañera y para su sorpresa, ella lo corresponde.

 

Los ganadores fueron interrumpidos por una persona alta, flaca y vestida con un traje negro, sin decir una palabra le entrega un sobre a Jacqueline, quien lo abre rápidamente sabiendo de antemano su contenido. Emocionada saca dos tarjetas de oro y las muestra a la cámara, después le entrega una a Diego, juntos regresan a su cajón y se sientan exhaustos en las sillas, se miran fijamente a los ojos y los dos esbozan una gran sonrisa.

 

Recuerda que La amenaza de Duin está dividida en tres partes, según la perspectiva de los personajes involucrados en cada una de ellas. Continúa leyendo aquí:

Parte III-3

Espera la cuarta y última parte de la Amenaza de Duin

 

© Diego Diz Rodríguez
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