La amenaza de Duin

Parte III-3

Thía y Katherine

 

Después de que la puerta se cerrara pasan un par de minutos en completo silencio, unos con la mirada fija en la salida utilizada por Skandar y otros en el cambiante holograma que muestra diferentes momentos de los tres eventos.

–¡Sígueme! –Sholtho le comenta a Aiden con su voz rasposa–, tenemos mucho trabajo que hacer.

–Nosotros también deberíamos irnos –Thía añade volteando a ver a Katherine–, me gustaría ver como eres manejando cierto tipo de armas.

–Tu y yo nos quedamos aquí– Jacqueline señala con voz autoritaria.

Diego asiente y observa como sus amigos se retiran de la sala con su nueva pareja, dejándolos solos en ese cuarto futurista.

 

Una vez en la calle, ven como Sholtho y Aiden parten a escondidas entre las callejuelas de Duin, Thía voltea a ver a su nueva pareja y sin decir palabra alguna, comienza a caminar por la calle principal, metiéndose entre la multitud de personas que caminan por la calle. Sin perderla de vista, Katherine comienza a seguirla, esquivando a las personas que se interponen en su camino.

–No te alejes mucho –Thía advierte sin voltearla a ver–, hay personas con malas intenciones por todos lados.

Tras esa advertencia, Katherine apresura el paso y comienza a observar más detenidamente a las personas, hombro con hombro las dos mujeres recorren la larga calle principal, al fondo de la calle se puede observar el imponente edifico desde el cual SehzCorp controla toda la ciudad y a su alrededor, una infinidad de letreros luminosos hacen publicidad a varios consumibles.

Thía gira a la izquierda y atraviesa unas puertas metálicas de un gran edificio, Katherine la sigue y juntas caminan por el interior del edificio. El mármol negro y la escasez de decoraciones lo hacen un lugar aburrido, toman uno de los elevadores del fondo y suben hasta el piso cuarenta y tres. Aprovechando el tiempo y bajo aquella luz, Katherine puede observar detenidamente a su nueva compañera, Thía es una mujer alta e imponente, sus ojos de color azul claro analizan su entorno, el lado derecho de su cabeza se encuentra rapado y decorado con unas líneas tatuadas en color negro, mientras que el resto lo cubre su largo y rubio cabello. Se encuentra vestida con unos pantalones negros de cuero, una camisa ceñida la cual posé tejidos deshilachados, dejando expuesta gran parte de su espalda y unas largas botas negras. Después de una corta espera dentro del ascensor, las puertas se abren y revelan un enorme espacio vacío. Katherine suelta un leve suspiro y comienza a caminar por el lugar.

–¿Qué hacemos aquí? –Katherine pregunta decepcionada.

–Aquí vamos a comprobar tus habilidades –Thía responde mientras teclea una serie de números en un teclado empotrado en la pared.

Para sorpresa de Katherine, una serie de muros y obstáculos se materializan por todo el espacio, la losa de una pared se desliza a un lado y deja expuestas una serie de armas de todos los tipos.

–Esto es una simulación de lo que ocurrirá dentro de la arena de la muerte –Thía comienza a explicar–. No tenemos mucho tiempo ya que la competencia no tarda en empezar. ¿Qué arma te sientes cómoda usando?

–No lo sé –Katherine responde mientras camina hacia la pared–. Estoy acostumbrada a pelear con espada o un bō, nunca había utilizado una pistola.

–Hm, espada, espada… –Thía menciona en voz baja mientras analiza las armas–. No se que sea un bō, pero puedes usar aquel palo, sus extremos son de energía pura, es lo más cercano a una espada que tengo.

–Justo eso es una especie de bō –Katherine menciona al tomar el arma que su compañera le había indicado, comienza a blandirlo y a sospesarlo, convencida de que eligió el arma indicada se voltea y mira a Thía a los ojos.

–¿Nos limitan a un arma por participante?

–¿En que piensas? –Thía pregunta con curiosidad.

–Podría utilizar también el arco, de esa forma tendré los ataques a distancia y cuerpo a cuerpo cubiertos.

–Si te sientes más tranquila puedes llevarlo, pero no se que tan útil pueda ser un arco.

–Ya verás que tan útil puede ser un arma así en mis manos –Katherine responde con una misteriosa sonrisa–. ¿Cuándo empezamos el calentamiento?

–Veo que no puedes esperar, eso me gusta. Programaré la simulación en un nivel avanzado.

 

Sin previo aviso, una veintena de personas se materializan entre los obstáculos, las personas se quedan estáticas, esperando a que Thía inicie el programa.

–Espero que te encuentres lista, Katherine –Thía menciona mientras teclea varias palabras en un ordenador.

Katherine asiente levemente con la cabeza a modo de respuesta, sujeta con firmeza su arma y pasa la mirada entre los enemigos que tiene a su alrededor. Repentinamente, una fuerte alarma suena en el interior del lugar y al apagarse, la acción comienza.

 

Thía, desde fuera del área de combate ve asombrada como Katherine se enfrenta a todos sus rivales, esquiva las balas que se dirigen hacia ella utilizando una serie de giros y saltos.

Blande su bō a una velocidad increíble, como si fuera una extensión de su cuerpo, derriba a varios de los enemigos que tiene cerca, las balas continúan lloviendo por todos lados, Katherine aprovecha la pequeña pausa y se lanza de un salto hacia atrás de un muro para cubrirse.

–¡Muy bien! ¡Nunca había a nadie moverse tan rápido! –Thía exclama asombrada–, recuerda que en la arena estaré yo contigo.

Katherine deja su arma en el piso y sin perder el tiempo toma el arco y se asoma para localizar a los enemigos restantes. Tensa el arco y sale de la parte trasera, en una fracción de segundo dispara tres flechas seguidas y las tres terminan dando a un objetivo.

–Ya vi lo que tenía que ver –Thía exclama dando por terminada la sesión de entrenamiento–. Con una compañera como tú, seguro que ganamos.

–No debemos confiarnos, una persona siempre resulta más peligrosa e impredecible que un programa –Katherine responde entre jadeos debido a la prueba.

–Venga, no hay que ser negativos, lo haremos bien. Pero ahora tenemos que crearte una identidad para que puedas participar en el evento.

Katherine asiente con la cabeza de nuevo y mira como su nueva compañera toma una pequeña cámara y una tableta negra, sin avisar, le toma la mano y la coloca sobre la tableta.

–Puedes sentir algo de calor, pero te pido no retires la mano. Tomaré tus huellas dactilares, después una fotografía, ingreso todo al sistema y serás una habitante más de Duin.

Antes de que Thía terminara la oración, Katherine siente como la tabla se empieza a calentar, después de un momento, Thía le retira la mano y le toma una fotografía. Gira sobre su propio eje e ingresa los datos en una computadora la cuál había aparecido de la nada.

–¡Listo! Ahora eres una ciudadana de Duin, espero te encuentres lista para una tarde llena de acción. Tengo que advertirte que en la arena se utilizan armas reales y como ya mencionó Skandar, existe un peligro real ya que esta competencia es a muerte.

–¿Las personas van de manera voluntaria a morir? –Katherine pregunta asombrada.

–El premio es lo que la gente busca, ese premio te da la oportunidad de salir de la vida que llevas y mejorarla en todos los aspectos –Thía responde mientras hace desaparecer los obstáculos–. Bueno, eso es lo que se cree, pero en realidad es otra de las formas que utiliza SehzCorp para controlar a la población.

–Pan y circo, a fin de cuentas –Katherine responde en voz baja–, siempre es lo mismo.

–Si ganamos tenemos una oportunidad de frenar todo –Thía menciona esperanzada mientras asiente con la cabeza y esboza una leve sonrisa.

 

Tras un momento de silencio, las dos mujeres emprenden el camino de regreso hacia la calle, bajando por el elevador y atravesando el vacío lobby del edificio. Una vez fuera, el barullo las envuelve de nuevo, Katherine ve a más personas en la calle que la vez anterior y todas se dirigen hacia los estadios que se ven al final de la calle. Ella alcanza a escuchar fragmentos de conversaciones y todos comentan emocionados sobre los eventos que se producirán a continuación. Un niño pequeño apunta hacia el cielo con su mano y Katherine voltea hacia arriba, asombrada descubre una pista suspendida varios metros sobre su cabeza, Thía voltea a ver su reloj y comienza a explicar:

–La carrera de autos esta cerca de comenzar, ellos empiezan primero ya que es el evento más largo de todos. Espero que tu amigo sea tan buen conductor como cree serlo.

–Es el mejor que hay –Katherine defiende a su amigo segura de que le ira bien en la carrera–, estoy convencida de que ganará sin problemas.

–Si el maneja de la misma forma en la que tú peleas, no creo que haya mucho problema.

 

Un fuerte disparo, seguido de gritos de emoción interrumpen la plática de las dos mujeres, todas las personas voltean hacia arriba y ven las grandes pantallas que se encuentran en los edificios, en cada una de ellas se puede ver un vehículo diferente y en la parte inferior izquierda aparece una fotografía del piloto. Katherine intenta encontrar a Diego, pero hay tantas pantallas que le resulta imposible.

–Y… Acaba de empezar la carrera –Thía determina antes de reanudar con el camino.

Katherine camina junto a Thía. Juntas, esquivan a las personas que se quedaron estáticas viendo las pantallas, antes de llegar a la puerta del estadio, Thía le pasa una tarjeta metálica a su compañera y con la cabeza le indica que la muestre al guardia de seguridad. La primera en pasar fue Katherine. El interior del estadio se encuentra lleno de pasadizos, escaleras y puertas de vidrio.

–Nosotros nos vamos al área de participantes, aquí es en donde se queda el público –Thía explica rápidamente mientras camina hacia unas escaleras protegidas por otros dos guardias.

 

Vuelven a mostrar sus credenciales y después de una rápida inspección, los dos guardias se apartan para que ellas puedan descender por las escaleras hacia el área de los participantes. Al llegar abajo, Katherine ve un largo pasillo bien iluminado y repleto de puertas. Sobre las puertas se puede ver un número romano hecho por completo de bronce.

Thía camina rápidamente por el pasillo hasta llegar a la puerta XVIII, gira la perilla y la puerta se abre sin ningún problema, el cuarto que aparece ante sus ojos es más chico de lo que Katherine se esperaba, sus paredes blancas no muestran ningún tipo de decoración. En el techo se pueden apreciar dos círculos de vidrio por los que entra una intensa luz blanca, un sillón negro y dos sillas del mismo color se encuentran distribuidos por el cuarto y hay un pequeño refrigerador en la esquina.

–Y ahora, esperamos –Thía comenta mientras se deja caer en el sillón–. ¿Tienes alguna pregunta?

–Tengo una pregunta, pero puede que su respuesta sea algo obvia, ¿quién gana el evento?

–Si, si es algo obvia…

–Pero ósea, mi pregunta va más enfocada a que si solo hay un ganador o es por equipo o ¿cómo funciona?

–La competencia termina cuando quedan dos personas en la arena y ellos son declarados ganadores –Thía responde al subir los pies al sillón–, normalmente gana un solo equipo, pero ha habido veces en los que ganan dos personas de diferentes equipos.

–¿Cuánto dura el combate? –Katherine pregunta en lo que toma asiento en una de las sillas.

–Eso varía mucho, hubo una vez que el evento duró más de un día y otra que terminó a los pocos minutos de haber comenzado. Por cierto, elegí tus armas a la hora de realizar la inscripción al evento. Unas personas las entregarán momentos antes de que comience la batalla.

Katherine asiente con la cabeza sin saber con seguridad que arma le iban a asignar para la batalla cuando un fuerte golpe en la puerta la saca de sus pensamientos, sin esperar a que alguien les diera acceso, dos hombres vestidos por completo de negro abren la puerta, depositan con cuidado dos cajas de madera en el piso y sin decir nada, salen de la habitación.

 

Thía se levanta de un salto del sillón y corre para abrir las cajas, le quita la parte superior a la más grande y dentro, entre hule espuma se aprecia un nuevo rifle de francotirador de recarga manual, la mira telescópica y el cuerpo del rifle son de color negro, Thía lo toma maravillada y lo analiza con detenimiento, luego saca de la caja un bípode ajustable y satisfecha regresa al sillón sin dejar de analizar su nueva arma. Siguiendo sus pasos, Katherine abre la otra caja y para su sorpresa se encuentra una espada larga con empuñadura de mano y media recubierta con cuero negro. Ella la saca con delicadeza de la caja y la sospesa, la gira ágilmente y comprueba con cuidado el filo. Al terminar de analizar su nueva arma, la colca con delicadeza sobre el piso y saca un arco recurvo y un carcaj lleno de flechas, de nuevo analiza con detenimiento el arma construida con fibra de vidrio y carbono, tensa la cuerda y esboza una sonrisa satisfecha.

–¿Te gustan tus nuevas herramientas de trabajo? –Thía pregunta al ver como Katherine había enmudecido.

–Son magníficas –Katherine responde sin dejar de observar su arco.

–Me da gusto que sean de tu agrado, espero que les saques provecho en la arena. Por cierto, tienes que llevar puesta la pulsera metálica que ves en la caja.

Katherine asiente con la cabeza y al colocarse la pulsera descubre que tiene una pantalla y esta proyecta el número 50. Un nuevo sonido metálico retumba dentro del cuarto y las dos ventanas del techo se abren de par en par y una luz circular se enciende en el piso, Thía toma su rifle y se coloca dentro del círculo de luz y apremia a Katherine para que hiciera lo mismo, cuando las dos se encuentras dentro de la luz, un mecanismo hace que suban hasta traspasar los hoyos del techo. Una vez que sus ojos se acostumbran de nuevo a la luz pueden observar su entorno y se dan cuenta de que se encuentran sobre una pequeña montaña y ante ellos se extiende un largo pastizal atravesado por un pequeño río.

–¡Nos tocó un lugar excelente! –Thía exclama emocionada mientras escudriña el horizonte.

–¿No nos encontramos dentro de un estadio? –Katherine pregunta tratando de ver el público

–El publico se encuentra oculto detrás de unos vidrios especiales, ellos nos pueden ver, pero nosotros a ellos no –Thía explica rápidamente–. Se termino el tiempo de las preguntas, es hora de pasar a la acción.

 

Thía corre montaña arriba para establecer su base sobre una formación rocosa, la cual le permite observar prácticamente todo a su alrededor y al mismo tiempo la cubren de algún otro ataque. Katherine, sin estar segura de que hacer, se cuelga el carcaj y el arco al hombro, toma la espada con una mano, dejando ver que posé una fuerza superior a la que se le puede atribuir a alguien de su tamaño y comienza a descender. Al llegar a las faldas de la montaña los altos pastos la cubren por completo, limitando en gran parte su visión. siente que algo se acerca a ella, pero antes de que pudiera ver lo que es, escucha un fuerte disparo y una bala rozarle el brazo. Ella instintivamente se arroja al piso y se prepara para más ataques, pasan los segundos y solo siente como la pulsera metálica comienza a vibrar, la voltea a ver y el número 50 fue remplazado por el 49.

 

Camina agachada hacia donde había sentido el movimiento y ante ella aparece el musculoso cuerpo de un hombre, ella aparta la mirada y continúa caminando con todos los sentidos atentos. Su pulsera vuelve a vibrar y ahora se aprecia el número 48, al instante, Katherine comprende que el digito que se muestra son los participantes restantes. Continúa moviéndose entre los pastizales sintiendo el continuo vibrar de la pulsera. Por fortuna no se encuentra a otra persona dentro de los altos pastos. Al salir de estos es atacada por una pareja de mujeres, una de ellas se encuentra equipada con una pistola de nueve milímetros y la otra con una escopeta recortada. Las dos disparan al mismo tiempo, pero Katherine da un salto a gran velocidad, esquivando las balas y colocándose entre las dos mujeres, antes de que ninguna de las dos pueda reaccionar, Katherine blande la espada y le corta las manos a la altura de las muñecas a la mujer del rifle, siguiendo el movimiento de la espada, gira sobre su propio eje y le entierra el filo en el abdomen de la otra mujer. En pocos segundos las dos mujeres se encuentran en el piso y Katherine sin querer dar el golpe final se aleja de ellas.

 

A la distancia escucha dos disparos y siente la ya normalizada vibración de la pulsera y supo que su compañera había terminado con el trabajo que ella empezó, continua con su trayecto sin rumbo fijo entrando a un área boscosa, hace una leve pausa para mirar a su alrededor y sin estar segura de que estrategia seguir reanuda la marcha. Tiene dos opciones en mente, buscar un lugar en el que pueda refugiarse o ir a enfrentar a sus enemigos. Antes de que pudiera decidirse, un hombre semidesnudo salta desde la rama de uno de los árboles soltando un grito salvaje, su mano sostiene un filoso cuchillo. Katherine da un paso hacia atrás pero no fue lo suficientemente rápida ya que el cuchillo le hizo un corte en el brazo.

 

El hombre esboza una sonrisa siniestra y empieza a mover el cuchillo de un lado a otro de manera retadora, Katherine no se hizo del rogar y se lanza a la carga con la espada en alto. Esquiva sin mucho esfuerzo las ataques del hombre y le tira el cuchillo de la mano con un espadazo, el hombre hace una mueca de desagrado y decide huir escabulléndose entre los árboles, Katherine toma su arco y coloca una flecha en la cuerda, lo tensa y espera a tener una oportunidad clara, el hombre se encuentra ya a varios metros de distancia pero ella suelta la flecha la cual atraviesa el espacio que los separa en pocos segundos, dando de lleno en el corazón el hombre quien cae al instante. Katherine voltea a ver su pulsera y se sorprende de ver el número 33.

 

A la distancia divisa a una mujer vestida de rojo caminando entre los árboles hacia ella, Katherine vuelve a tensar el arco y sin dudarlo dispara otra flecha la cual da en el blanco. Continúa caminando entre los árboles cuando cuatro personas todas armadas con espadas la rodean.

–¿Un equipo de cuatro? –Katherine pregunta sorprendida–. Saben que solo dos podrán ser los ganadores ¿no?

–A nosotros no nos interesa ganar –uno de recién aparecidos espeta con un gruñido–, fuimos contratados para terminar con el mayor número posible de participantes.

A modo de respuesta, Katherine levanta su espada y asume una posición defensiva, las cuatro personas se voltean a ver entre ellos con algo de nerviosismo.

–¿Van a atacar o se quedaran ahí parados sin hacer nada? –Katherine reta a sus enemigos.

 

El más grande y corpulento de los cuatro da un paso al frente y alza su espada, usando todas sus fuerzas lanza un golpe confiando en que la mujer no fuera capaz de frenarlo, pero Katherine detiene la espada y gira sobre su propio eje, sin darle tiempo de nada, mueve de nuevo su espada a una velocidad increíble y con un ágil golpe, decapita a su rival. Los otros tres miran con miedo como el cuerpo de su amigo cae al piso. En pocos segundos el odio remplaza al miedo y juntos atacan a la chica. Katherine se ve rodeada por espadas, por su mente pasan todas las horas de entrenamiento que había tenido con Diego. Salta, esquiva y detiene cada uno de los ataques, esperando el momento adecuado para pasar a la ofensiva, los enemigos atacan de manera alternada e incesante hasta que Katherine aprovecha un pequeño descuido y lanza una estocada hacia el pecho la cual toma por sorpresa a su rival y termina con su vida al instante. Los dos enemigos restantes intercambian una mirada llena de dudas, ella vuelve a aprovechar ese momento de incertidumbre y ataca ferozmente al que tiene más cerca, da dos golpes seguidos y al tercero logra tirarle la espada de la mano, rápidamente le da una patada en el pecho y lo saca volando un par de metro, ella da un gran salto y gira la espada para que el filo apunte hacia abajo, a la hora de caer se la entierra en el pecho. Katherine se incorpora sin perder el tiempo y gira para enfrentarse al último rival.

 

Asustado, arroja su espada al suelo y levanta las manos dando a entender que ya no quería seguir luchando. Katherine esboza una sonrisa salvaje y sin dudarlo decapita a su rival. Su ropa ya cuenta con varias manchas de sangre y algunas gotas ensucian su cara, limpia su espada con la camisa de uno de sus rivales y continua con su camino. Después de ese encuentro Katherine decide salir del bosque y probar su suerte en un área abierta, camina entre los árboles en completo silencio, molesta por las vibraciones continuas de la pulsera, la ve de reojo y descubre que ahora proyecta el número 17.

Sale del bosque sin ningún otro contratiempo. Ahora se encuentra en una zona arenosa, simulando un desierto y lo primero que siente es un fuerte dolor en el muslo derecho, asustada baja la vista y encuentra una herida de bala, voltea a todos lados tratando de localizar a su nuevo enemigo, pero no tiene éxito, ignorando el dolor corre hacia una gran piedra que sobresale de la arena y se recarga en ella. Deja su espada en el piso y coloca su mano a escasos centímetros de la herida, cierra los ojos a causa del dolor y susurra una palabra, una luz blanca sale de su mano y la herida comienza a cerrarse. Después de unos breves momentos su muslo se encuentra como nuevo, se levanta y asoma la cabeza para localizar a la persona que le había disparado. A la distancia se alcanzan a vislumbrar varios destellos de luz ocasionados por el reflejo del vidrio de la mira telescópica de otro rifle.

 

Sabiendo que no hay forma de salir de aquel lugar, extiende las palmas de sus manos hasta que quedan en paralelo con el suelo y dice murmurando: dumtsorn. Cierra sus manos hasta formar dos puños, inmediatamente, las estira hacia el frente, y delante de ellas se forma un pequeño círculo de luz que se expande velozmente hasta formar un círculo mientras que otro círculo de luz aparece detrás del francotirador. Katherine lo atraviesa de inmediato y aparece en el otro círculo, levanta la espada y con un fuerte movimiento se la entierra en la espalda del francotirador. Satisfecha con su trabajo, reanuda la búsqueda de enemigos.

 

En el desierto no encontró a ninguna otra persona por lo que lo abandona, ingresando de nuevo en el bosque ya que pretende reunirse con Thía. Se vuelve a encontrar a una pareja entre los árboles la cuál iba equipada con escopetas, para sorpresa de los rivales, Katherine corre directo a ellos y antes de que pudieran disparar, ella ya se encuentra blandido su espada y termina con la vida de uno y tira el arma del otro.

 

Él alza la vista sorprendido y clava su mirada en Katherine quien se encuentra frente a él preparada para terminar con la vida de su rival, pero antes de que pudiera dar el golpe final una flecha le atraviesa la garganta salpicando a Katherine con sangre, el cuerpo del rival cae inerte al piso y ella corre hacia un árbol para esconderse de su nuevo rival oculto. Escucha pasos que se acercan a ella por la derecha, espera sin hacer ningún ruido y en el último instante sale de su escondite con la espada lista y le corta la cabeza de un solo tajo a la mujer del arco.

 

Una vez terminada con la amenaza, reanuda el camino hacia su compañera, atraviesa el bosque sin mayor problema, se interna de nuevo en los altos pastizales dejando los árboles atrás, cubierta por completo camina hacia la montaña. Sin previo aviso se escucha un fuerte disparo y la pulsera vibra de nuevo, antes de que bajara la vista escucha otro disparo y alguien a pocos pasos detrás de ella suelta un grito, la pulsera muestra el número 4, dando a entender que la batalla se encuentra cerca de terminar.

–Tienes el camino libre– Thía le grita a su compañera.

Después de eso comienza a ascender por la montaña hasta ver las rocas en las que se encuentra escondida Thía. Katherine esboza una sonrisa pero esta dura una fracción de segundos ya que en ese momento dos hombres saltan desde las rocas hacia Thía con dagas en las manos, Katherine toma el arco, lo tensa y dispara una flecha a una velocidad sobrehumana, dando de lleno en la frente de uno de los asaltantes, pero antes de que pudiera atacar de nuevo el otro hombre cae sobre Thía la cual se intenta defender con sus manos y el atacante le clava el cuchillo en el cuello. Ella abre sus ojos sorprendida y trata de gritar, pero de su boca no sale ningún sonido.

 

Katherine siente como la pulsera vibra por última vez y comienza a percibir todo en cámara lenta. Arroja el arco al suelo, desenfunda su espada y corre hacia el hombre que había acabado con la vida de su compañera, se prepara para darle un golpe mortal pero una fuerza invisible los frena.

 

–¡Demos un fuerte aplauso a los finalistas de esta increíble batalla! –un hombre grita emocionado por los altavoces del estadio–. ¡A la imbatible Katherine y al bárbaro Khaz!

Las pantallas que ocultan al publico desaparecen y revelan a miles de espectadores que vitorean extasiados a los ganadores de la batalla.

 

La misma fuerza que los mantiene inmóviles los levanta en el aire y los desplaza con delicadeza hacia el centro de la arena, ahí los espera un podio prescindido por una comitiva de hombres y mujeres vestidos con un traje elegante. Los dos participantes son depositados sobre el podio y una mujer alta y esbelta se acerca a ellos con dos sobres en mano, tras esbozar una amplia sonrisa y saludarlos, les entrega el sobre. Khaz lo abre de inmediato y saca una tarjeta dorada de su interior, la levanta emocionado y se lo muestra al público que no deja de aplaudir, Katherine mira con odio toda esa escena mientras guarda el premio en uno de sus bolsillos, jurando para si misma que aquella persona iba a pagar por lo que le hizo a su amiga.

 

Lee aquí la parte IV

© Diego Diz Rodríguez
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