Aiden y Katherine caminan bajo los rayos del sol que iluminan Noliac. Es un mundo de dimensiones medianas, cubierto en su gran mayoría por arena. Dos ríos recorren desde el norte hasta el sur, juntándose cerca de la mitad de Noliac para formar un grande y caudaloso río.

 

El mundo está poblado por tres ciudades: Glogor, Tlogor y Nogor. Tlogor es la urbe principal y más grande, ubicada en el centro del mundo, y abarca los tres ríos. Por el contrario, Glogor y Nogor son ciudades más pequeñas situadas al norte de Tlogor; ambas comparten un mismo pedazo de río, razón por la que siempre se encuentran en pelea: la metrópoli que controle el río poseerá más riquezas.

 

– ¿Qué es lo que hacemos aquí? – Katherine preguntó mientras se quitaba una gota de sudor de su cara.
– El emperador de Tlogor, Orgon IV, me contactó – Aiden empezó a explicar –, quiere que le ayudemos a defender su ciudad de un ataque proveniente de las otras dos metrópolis.
– ¿Iremos a una guerra? –  Katherine indagó anonadada.
– ¡No! – Aiden replicó apresuradamente–, sabes que nunca haría eso. Nuestro trabajo consiste en escabullirnos en el mundo de Glogor y Nogor; sabotear a los adversarios y eliminar sus suministros y armamentos antes de que se produzca el ataque.
– Pero ¿para qué me trajiste? – Katherine añadió.
– Porque necesitaré de tu ayuda – Aiden contestó –, además te viene bien salir de vez en cuando de esa casa. ¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste?
–Ya tenía un par de meses sin salir de la residencia de Diego – Katherine comentó después de contar en su cabeza el tiempo que había pasado desde su última misión.
–También es una buena forma para continuar con tu entrenamiento y conocer otros destinos – Aiden dijo sonriendo.
– ¿Qué podré aprender en este lugar? – Katherine cuestionó desanimada –, lo único que se ve es arena, dunas y más arena.
– Pronto estará cerca nuestro destino – Aiden comentó mientras empezaba a subir una gran duna.

 

Una vez en la cima del arenal, la gran ciudad de Tlogor aparece ante sus ojos. Está rodeada por una muralla de piedra, los tres ríos dividen a la ciudad y, desde esa altura, se vislumbran los puentes de madera que permiten a sus habitantes cruzar el agua.
– ¡Contempla la majestuosa ciudad de Tlogor! – Aiden exclamó mientras levantaba las manos –, desde aquí se puede ver la división de la ciudad. No existe la pobreza en este lugar, pero la mejor zona es en la que se encuentra el palacio del emperador, entre los ríos Nilac y Tlonc.

Katherine sigue con su mirada la dirección que Aiden señala y logra mirar una construcción blanca, rodeada de grandes jardines y una gran cúpula en el techo.
– Sí, se distinguen las divisiones de la ciudad –  Katherine expresó después de pasar un rato viendo a Tlogor –, alrededor del palacio todo es limpio, elegante y ordenado…, pero al cruzar los ríos se percibe un ambiente sucio, desordenado y apilado.
– Así funcionan las cosas aquí – Aiden remarcó mientras comenzaba a descender por la duna –. El emperador nos espera, démonos prisa.

 

Katherine prosigue a su amigo duna abajo, mientras camina con cuidado para no caerse. Conforme baja, la ciudad se vuelve más grande. Pasan veinte minutos, y los compañeros entran atravesando el arco sur de la ciudad.
– Me llama mucho la atención que no tengan puerta – Katherine enfatizó ya en la entrada de la comarca.
– La soberbia es la mayor debilidad de Tlogor – Aiden afirmó mientras ambos caminaban por la calle principal de la ciudad.

 

La calle construida en su totalidad de piedra blanca cruza desde el arco hasta la entrada del palacio del emperador. A los costados, aproximadamente, cada tres metros, nace una palmera; entre ellas se encuentra un par de guardias. El uniforme de los custodios consiste en una cota de malla con incrustaciones de piedras preciosas que caen hasta los muslos, un casco metálico con plumas blancas en la parte superior que les cubre gran parte de la cabeza y unas botas de cuero negro que suben hasta la rodilla; del cinto les cuelga una espada corta y su mano derecha sostiene una lanza.

 

– Hay cambio de guardia cada cuatro horas – Aiden señaló mientras recorría la gran calle –. También tienen prohibido moverse a menos que el emperador lo indique.
– Las riquezas de Tlogor provienen de los ríos y de un yacimiento de sal que se encuentra a unos kilómetros al este de esta ciudad – Aiden continuó explicando tras una breve pausa.

 

Aiden sigue platicando cuando, de repente, los soldados dan un cuarto de vuelta para desenfundar sus espadas y apuntarlas al cielo. Antes de que Katherine pueda decir algo, las puertas del palacio se abren y una persona vestida por completo con túnicas blancas sale detrás de ellas, rodeada por cuatro guardias.

 

– Cuando estés frente al emperador apoya la rodilla derecha en el piso, lleva tu barbilla al pecho y tu mano izquierda hacia atrás, en paralelo con el suelo – Aiden susurró mientras se acercaban al palacio.
– ¿Algo más? – Katherine interrogó mientras repasaba mentalmente las instrucciones de su amigo.
– No te levantes ni cambies de posición hasta que el emperador lo ordene –, Aiden recalcó.

 

El emperador y su escolta han detenido la marcha a unos metros fuera de su palacio y esperan a que sus invitados lleguen. Cuando Aiden se encuentra a dos metros del emperador, se frena y hace lo que había explicado minutos antes. A su lado, Katherine imita sus movimientos. 

 

Pasan un par de minutos en los que todos permanecen inmóviles, nadie se atreve a moverse de su sitio hasta que el emperador rompe el silencio.
– Sean ustedes bienvenidos a mi reino –. Por favor, síganme.

 

El emperador da media vuelta seguido de su escolta, Katherine y, hasta el final, Aiden. Frente a la entrada, la puerta se abre con un fuerte chirrido y, sin detenerse, el grupo de personas ingresa al palacio.

 

El alcázar tiene más de veinte habitaciones, tres comedores y una gran cocina que trabaja día y noche para poder abastecer los banquetes interminables que el emperador organiza. Hasta arriba, en la cúpula, se encuentra la biblioteca más grande de toda la ciudad.

 

– ¡Esta visita amerita un banquete! – el emperador exclamó una vez las puertas de su palacio habían cerrado por completo –, quiero que se informe a mis cocineros.
Sin esperar ninguna otra indicación, uno de los soldados que escolta al emperador da media vuelta y desaparece tras una puerta.
– No es necesario realizar un banquete, Orgon – Aiden clamó –, preferimos partir lo antes posible.
– ¡Ya dije que se hará un banquete! – el emperador reiteró visiblemente enojado –, los espero en el comedor principal una vez que el sol haya bajado. Al terminar de cenar discutiremos la forma de trabajar. ¡Que alguien los acompañe a su habitación!

 

Otro de los guardias se aleja del emperador y con una seña les indica a Katherine y a Aiden que lo acompañen. Caminan a través de largos e iluminados pasillos del palacio, hasta que el guardia se frena en seco frente a un portón de madera.
– ¿Entramos por aquí? – Katherine preguntó.
El soldado asienta con la cabeza y se queda inmóvil hasta verlos ingresar al cuarto.

 

– ¿Qué fue lo que acaba de pasar? – Katherine cuestionó una vez dentro de la habitación.
– Harán una cena en nuestro honor – Aiden respondió en lo que se quitaba las botas y se acostaba en la cama.
– Sí, me di cuenta de eso – Katherine reiteró siguiendo el ejemplo de Aiden –, pero ¿qué es lo que haremos a continuación?
– Aprender todo lo que puedas sobre Noliac – Aiden expresó alegremente –. Te esperan unas horas de estudio y observación.
– ¡Qué emoción! – Katherine exclamó sarcástica. 
–Sé que no te gusta esta parte de las misiones, Aiden enfatizó mientras sacaba varios papeles de la bolsa que le colgaba del hombro, pero eso nos ayudará si surge algún imprevisto, además, de conocer el terreno que recorreremos –.
– Supongo que tú ya conoces esa información, ¿no? – Katherine preguntó mientras se pasaba a la cama de Aiden.
– Sabes que yo analizo todo lo posible antes de partir a una misión – Aiden puntualizó en lo que extendía un mapa sobre la cama.
– Aquí es donde estamos – Aiden señaló en un mapa –, Nogor y Glogor se encuentran unos kilómetros al norte.
– Si ya sabemos en dónde estamos y adónde tenemos que ir, ¿por qué no vamos de una vez? – Katherine interrumpió.
– Porque sería una falta de respeto dejar plantado al emperador en su cena especial – Aiden refutó –, y no fuimos directo a las otras ciudades porque teníamos que verlo para informarle que ya estábamos listos para comenzar con el trabajo.
– No me gustan estas formalidades – Katherine se quejó –, nos quitan tiempo.
– Tenemos dos posibles rutas para llegar a las otras ciudades – Aiden dijo ignorando completamente a Katherine –. ¿Cuál propones utilizar?

 

Katherine toma el mapa, comienza a analizar las opciones y, de esa manera, Aiden empieza a preparar a Katherine para una misión que a simple vista parece sencilla.

 

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La Huida de Noliac Parte I © Diego Diz Rodríguez

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