A mitad de lo que parecía ser una noche eterna en Nghima, apareció un pequeño destello de luz. Ese minúsculo punto fue expandiéndose hasta formar un gran círculo del que salieron tres personas: una mujer y dos hombres. El primero que salió vestía unos jeans, una camisa de manga larga blanca y un chaleco negro. Su cuello estaba adornado con un collar de oro con el emblema de un fénix. Su pelo largo, de color castaño oscuro y ondulado era agitado por los fuertes vientos que azotaban ese lugar.

-Nunca antes había estado aquí- dijo aquella persona mientras sus ojos color ámbar analizaban el lugar.

-No me extraña nada, Diego- respondió el hombre que se encontraba detrás de él, mientras se quitaba las arrugas de su camisa de color gris.

 

Aquella persona también utilizaba jeans. Su pelo, de un tono rojizo se encontraba bien peinado y sus finos labios esbozaban una ligera sonrisa.

-Yo sólo había venido en un par de ocasiones- añadió mientras cambiaba la expresión de su rostro-, lo que me preocupa es la repentina oscuridad.

-¿No será que es de noche, Aiden?- preguntó la mujer segundos antes de que el círculo se cerrara.

-Aquí nunca se hacía de noche, Katherine- Aiden respondió en lo que empezaba a caminar hacia el sur.

Katherine, al igual que los demás, iba vestida con unos jeans y una camisa sin mangas de color negro. Su pelo de diferentes tonalidades de anaranjado y rojo caía salvajemente sobre sus hombros. Sus ojos de color verde no paraban de observar al mundo, desconocido para ella, y en la espalda sujetaba dos dagas cuyos mangos sobresalían por arriba de sus hombros.

 

-Y, ¿qué es lo que hacemos aquí?- Diego preguntó rascándose su corta barba.

-Kehfar me contactó- Aiden respondió en lo que entrecerraba los ojos para tratar de ver.

-¡Claro, claro!, Kehfar- Diego comentó en tono sarcástico-. ¿Quién es esa persona?

-Digamos que es el rey de Nghima- Katherine respondió.

-¿Un mundo entero gobernado por una sola persona?- Diego alegó asombrado.- No me extraña que un lugar así tenga problemas.

-Nghima no es tan grande como la Tierra- Aiden comentó-, de hecho si no fuera por la oscuridad se vislumbraría el mundo entero desde aquí.

-Mide aproximadamente 100 hectáreas- Katherine complementó-; está formado de ocho islas flotantes, de las cuales siete de ellas rodean a la octava.

-¿Sobre qué flotan?- Diego preguntó curioso- y, tú, ¿cómo sabes todo eso?

-Lo leí en uno de los libros que Aiden me dio- Katherine respondió-. Abajo de nosotros encontrarás agua, las islas están suspendidas a cientos de metros sobre el agua.

-Me gustaría poder ver eso- Diego comentó-, encontrémonos con ese tal Kehfar.

 

Los tres empezaron a caminar por la oscura isla, Aiden iba guiándolos con una seguridad que los sorprendió hasta atravesar un pequeño río que estaba en el camino. En su mayoría, el terreno era plano y repleto de pasto y pequeñas flores que desprendían un olor dulce, parecido a la miel.

-¿Por qué nadie sale a recibirnos?- Diego preguntó mirando a su alrededor.

-Supongo que no nos pueden ver- Aiden respondió-. La oscuridad nos ha de ocultar a nosotros de la misma manera que los encubre a ellos. No se alcanza a ver, pero unos metros más adelante está el castillo de Kehfar.

 

Continuaron caminando en silencio, escuchando el ruido constante que producía el agua al caer en el mar. Conforme avanzaban, la oscuridad iba revelando nuevas cosas a su alrededor. Un camino empedrado apareció a sus pies y junto al camino había pequeñas antorchas que lo iluminaban.

-Ya no estamos lejos del castillo- Aiden expresó.

-Pues yo no veo nada- Diego refutó tratando de ver algo entre la espesa oscuridad.

-No esperes un gran castillo de piedra y custodiado por guardias armados- Aiden advirtió-, las criaturas que habitan Nghima son pacíficas por naturaleza.

Al momento de que Aiden terminó de hablar, apareció ante sus ojos una pequeña construcción de madera, era bastante ancha pero no medía más de cinco metros de alto. Debido a la penumbra no podía apreciarse mucho aquel lugar, pero lo que vieron los dejó con una sensación de tranquilidad.

 

Antes de que pudieran continuar, la puerta principal de aquel castillo se abrió y salió una criatura que Diego nunca antes había visto.

La criatura no medía ni un metro de alto. Sus piernas y brazos, que parecían ramas de un árbol, eran largos y flacos. Cada mano tenía cinco dedos que parecían pequeños alfileres y vestía una túnica color verde oscuro que le llegaba hasta las rodillas. Un par de orejas puntiagudas se localizaban al costado de su cabeza, en medio de ellas se encontraba un sombrero puntiagudo color café que adornaba su cabeza. Sus grandes y amarillos ojos reposaban sobre una larga nariz y una pequeña boca con dientes afilados. Unos pelos de color gris se asomaban por debajo del sombrero y le llegaban a la mitad de la espalda.

 

-Me alegra verte de nuevo- Kehfar dijo con voz chillona.

-Hace tiempo que no visitaba tu reino- Aiden respondió inclinando la cabeza-. Me acompañan Diego y Katherine.

-Me honran con su presencia- Kehfar añadió sonriendo-, hay un peligro que acecha mi reino y necesito de su ayuda para que vuelva a la normalidad.

-¿En qué podemos ayudarte?- Diego preguntó.

-Mi hijo mayor, Kehfill, robo la luz del mundo- Kehfar explicó con tristeza-, sin la luz mi reino perecerá.

-¿Cómo puede una criatura robarse toda la luz?- Diego preguntó impresionado.

-La luz de Nghima proviene de un cristal. El cristal se encontraba dentro de un pequeño santuario de la isla central- Kehfar respondió-. Les suplico que encuentren a mi hijo y recuperen el objeto para que regrese la luz a Nghima.

-¡Cuenta con nosotros!- Diego exclamó rápidamente.

-¿Dónde podemos encontrar a tu hijo?- Aiden preguntó antes de que Diego hiciera otro comentario.

-Nadie lo ha visto desde que abandonó esta isla- Kehfar alegó-, no sé a dónde pudo ir.

-Lo bueno es que su mundo no es muy grande- Diego comentó riendo.

-Le pido una disculpa, Kehfar,- mi compañero no sabe guardar silencio.

-Sólo les pido que regresen la luz- Kehfar pronunció mientras daba media vuelta y regresaba a su hogar.

 

-Algún día de estos nos traerá problemas tu forma de ser- Aiden regañó a Diego por su comportamiento.

-Pero tiene un punto- Katherine lo defendió-, mientras más grande el lugar, más tiempo nos tomará localizarlo.

-Yo también lo pensé- Aiden comentó-, pero es muy diferente pensarlo a decirlo en voz alta y menos frente al rey del lugar.

-Bueno, ¿se quedarán aquí parados, discutiendo sobre lo que es correcto o planean empezar con el trabajo?- Diego preguntó molesto.

-¿Por dónde iniciamos?- Aiden argumentó.

-Creo que sería buena opción hacerlo en el santuario: buscar algún indicio o algo que nos indique por dónde empezar- Katherine sugirió.

-No me parece mala idea- Aiden la felicitó mientras empezaba a caminar-, vayamos al santuario.

-Si el rey lo describió como pequeño, ya me imagino su tamaño- Diego respondió burlándose.

Katherine soltó una pequeña carcajada y le dio un leve empujón a Diego en el hombro.

-No molestes más a Aiden- Katherine habló siguiendo a su amigo-, no queremos que esté de mal humor todo el día.

-Dirás la noche- Diego corrigió riendo en lo que emprendía el camino.

 

De esa forma, con Aiden guiándolos a través de la oscuridad avanzaron por el pequeño mundo de Nghima en búsqueda de la luz que habían robado.

 

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Nghima y su luz  © Diego Diz Rodríguez

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