Nghima y su Luz

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A mitad de lo que parecía ser una noche eterna en Nghima, apareció un pequeño destello de luz. Ese minúsculo punto fue expandiéndose hasta formar un gran círculo del que salieron tres personas: una mujer y dos hombres. El primero que salió vestía unos jeans, una camisa de manga larga blanca y un chaleco negro. Su cuello estaba adornado con un collar de oro con el emblema de un fénix. Su pelo largo, de color castaño oscuro y ondulado era agitado por los fuertes vientos que azotaban ese lugar.

-Nunca antes había estado aquí- dijo aquella persona mientras sus ojos color ámbar analizaban el lugar.

-No me extraña nada, Diego- respondió el hombre que se encontraba detrás de él, mientras se quitaba las arrugas de su camisa de color gris.

 

Aquella persona también utilizaba jeans. Su pelo, de un tono rojizo se encontraba bien peinado y sus finos labios esbozaban una ligera sonrisa.

-Yo sólo había venido en un par de ocasiones- añadió mientras cambiaba la expresión de su rostro-, lo que me preocupa es la repentina oscuridad.

-¿No será que es de noche, Aiden?- preguntó la mujer segundos antes de que el círculo se cerrara.

-Aquí nunca se hacía de noche, Katherine- Aiden respondió en lo que empezaba a caminar hacia el sur.

Katherine, al igual que los demás, iba vestida con unos jeans y una camisa sin mangas de color negro. Su pelo de diferentes tonalidades de anaranjado y rojo caía salvajemente sobre sus hombros. Sus ojos de color verde no paraban de observar al mundo, desconocido para ella, y en la espalda sujetaba dos dagas cuyos mangos sobresalían por arriba de sus hombros.

 

-Y, ¿qué es lo que hacemos aquí?- Diego preguntó rascándose su corta barba.

-Kehfar me contactó- Aiden respondió en lo que entrecerraba los ojos para tratar de ver.

-¡Claro, claro!, Kehfar- Diego comentó en tono sarcástico-. ¿Quién es esa persona?

-Digamos que es el rey de Nghima- Katherine respondió.

-¿Un mundo entero gobernado por una sola persona?- Diego alegó asombrado.- No me extraña que un lugar así tenga problemas.

-Nghima no es tan grande como la Tierra- Aiden comentó-, de hecho si no fuera por la oscuridad se vislumbraría el mundo entero desde aquí.

-Mide aproximadamente 100 hectáreas- Katherine complementó-; está formado de ocho islas flotantes, de las cuales siete de ellas rodean a la octava.

-¿Sobre qué flotan?- Diego preguntó curioso- y, tú, ¿cómo sabes todo eso?

-Lo leí en uno de los libros que Aiden me dio- Katherine respondió-. Abajo de nosotros encontrarás agua, las islas están suspendidas a cientos de metros sobre el agua.

-Me gustaría poder ver eso- Diego comentó-, encontrémonos con ese tal Kehfar.

 

Los tres empezaron a caminar por la oscura isla, Aiden iba guiándolos con una seguridad que los sorprendió hasta atravesar un pequeño río que estaba en el camino. En su mayoría, el terreno era plano y repleto de pasto y pequeñas flores que desprendían un olor dulce, parecido a la miel.

-¿Por qué nadie sale a recibirnos?- Diego preguntó mirando a su alrededor.

-Supongo que no nos pueden ver- Aiden respondió-. La oscuridad nos ha de ocultar a nosotros de la misma manera que los encubre a ellos. No se alcanza a ver, pero unos metros más adelante está el castillo de Kehfar.

 

Continuaron caminando en silencio, escuchando el ruido constante que producía el agua al caer en el mar. Conforme avanzaban, la oscuridad iba revelando nuevas cosas a su alrededor. Un camino empedrado apareció a sus pies y junto al camino había pequeñas antorchas que lo iluminaban.

-Ya no estamos lejos del castillo- Aiden expresó.

-Pues yo no veo nada- Diego refutó tratando de ver algo entre la espesa oscuridad.

-No esperes un gran castillo de piedra y custodiado por guardias armados- Aiden advirtió-, las criaturas que habitan Nghima son pacíficas por naturaleza.

Al momento de que Aiden terminó de hablar, apareció ante sus ojos una pequeña construcción de madera, era bastante ancha pero no medía más de cinco metros de alto. Debido a la penumbra no podía apreciarse mucho aquel lugar, pero lo que vieron los dejó con una sensación de tranquilidad.

 

Antes de que pudieran continuar, la puerta principal de aquel castillo se abrió y salió una criatura que Diego nunca antes había visto. La criatura no medía ni un metro de alto. Sus piernas y brazos, que parecían ramas de un árbol, eran largos y flacos. Cada mano tenía cinco dedos que parecían pequeños alfileres y vestía una túnica color verde oscuro que le llegaba hasta las rodillas. Un par de orejas puntiagudas se localizaban al costado de su cabeza, en medio de ellas se encontraba un sombrero puntiagudo color café que adornaba su cabeza. Sus grandes y amarillos ojos reposaban sobre una larga nariz y una pequeña boca con dientes afilados. Unos pelos de color gris se asomaban por debajo del sombrero y le llegaban a la mitad de la espalda.

 

-Me alegra verte de nuevo- Kehfar dijo con voz chillona.

-Hace tiempo que no visitaba tu reino- Aiden respondió inclinando la cabeza-. Me acompañan Diego y Katherine.

-Me honran con su presencia- Kehfar añadió sonriendo-, hay un peligro que acecha mi reino y necesito de su ayuda para que vuelva a la normalidad.

-¿En qué podemos ayudarte?- Diego preguntó.

-Mi hijo mayor, Kehfill, robo la luz del mundo- Kehfar explicó con tristeza-, sin la luz mi reino perecerá.

-¿Cómo puede una criatura robarse toda la luz?- Diego preguntó impresionado.

-La luz de Nghima proviene de un cristal. El cristal se encontraba dentro de un pequeño santuario de la isla central- Kehfar respondió-. Les suplico que encuentren a mi hijo y recuperen el objeto para que regrese la luz a Nghima.

-¡Cuenta con nosotros!- Diego exclamó rápidamente.

-¿Dónde podemos encontrar a tu hijo?- Aiden preguntó antes de que Diego hiciera otro comentario.

-Nadie lo ha visto desde que abandonó esta isla- Kehfar alegó-, no sé a dónde pudo ir.

-Lo bueno es que su mundo no es muy grande- Diego comentó riendo.

-Le pido una disculpa, Kehfar,- mi compañero no sabe guardar silencio.

-Sólo les pido que regresen la luz- Kehfar pronunció mientras daba media vuelta y regresaba a su hogar.

 

-Algún día de estos nos traerá problemas tu forma de ser- Aiden regañó a Diego por su comportamiento.

-Pero tiene un punto- Katherine lo defendió-, mientras más grande el lugar, más tiempo nos tomará localizarlo.

-Yo también lo pensé- Aiden comentó-, pero es muy diferente pensarlo a decirlo en voz alta y menos frente al rey del lugar.

-Bueno, ¿se quedarán aquí parados, discutiendo sobre lo que es correcto o planean empezar con el trabajo?- Diego preguntó molesto.

-¿Por dónde iniciamos?- Aiden argumentó.

-Creo que sería buena opción hacerlo en el santuario: buscar algún indicio o algo que nos indique por dónde empezar- Katherine sugirió.

-No me parece mala idea- Aiden la felicitó mientras empezaba a caminar-, vayamos al santuario.

-Si el rey lo describió como pequeño, ya me imagino su tamaño- Diego respondió burlándose.

Katherine soltó una pequeña carcajada y le dio un leve empujón a Diego en el hombro.

-No molestes más a Aiden- Katherine habló siguiendo a su amigo-, no queremos que esté de mal humor todo el día.

-Dirás la noche- Diego corrigió riendo en lo que emprendía el camino.

 

De esa forma, con Aiden guiándolos a través de la oscuridad avanzaron por el pequeño mundo de Nghima en búsqueda de la luz que habían robado.

 

Aiden, Katherine y Diego llegaron al borde de la primera isla que conformaba Nghima. Una gran cascada caía hasta lo profundo del mar, y conectaba con la superficie de ese mundo. Debido a la oscuridad no se veía nada a pocos metros de distancia, ni se alcanzaba a percibir el momento en que los dos cuerpos de agua entraban en contacto.

-¿Cómo llegaremos a un lugar que ni siquiera podemos ver?- Diego interrogó a sus amigos.

-Se te olvida que yo ya había estado aquí- Aiden dijo-, sé cómo moverme en estas tierras.

 

Continuaron avanzando cuidadosamente en la oscuridad para no tropezarse con las rocas filosas que había por toda la orilla y caer al borde.

¿Qué es lo que buscamos?- Diego preguntó en el momento que comenzó a desesperarse.

-¡Lo encontré!- Aiden exclamó emocionado-, esto es lo que nos llevará a la isla central.

-¿Un puente colgante?- Katherine respondió algo decepcionada-, esperaba algo más exótico.

-Cada isla tiene un puente que conecta con la isla central- Aiden expuso riendo-. Vamos, crucemos el puente.

-Sabes que no me gustan las alturas- Katherine expuso mientras se acercaba al puente.

-Lo bueno es que con la oscuridad no se ve prácticamente nada- Diego animó.

-Yo iré primero- Aiden aclaró-. Katherine, puedes ir después y Diego al final.

-Me parece bien- Katherine comentó poco convencida-. ¿Qué tan largo es el puente?

-Cerca de 200 metros- Aiden respondió mientras empezaba a caminar por el puente de madera.

-¿Y estás seguro de que nos aguantará?- Diego inquirió saltando un poco.

-¡No hagas eso!- Katherine regañó agarrándose con firmeza de las cuerdas que servían como barandal.

-Lo digo porque si los que usan el puente miden lo mismo que su rey…- empezó a decir Diego.

-¿Podemos cambiar de tema?- Katherine expresó.

-¿Cómo conociste este lugar?- Diego intervino.

-Llegué a él gracias a un libro que encontré en tu biblioteca- Aiden contestó sin dejar de caminar-, vine por primera vez hace un par de años.

-¡Qué interesante!- Diego interrumpió con sarcasmo.

-Si no te interesa saber, ¿para qué preguntas?- Aiden dijo frenándose en seco.

-¿Pueden seguir caminando?- Katherine cuestionó enojada-, si quieren discutir háganlo al bajar del puente.

-No me puedes culpar por reaccionar de esa manera- se defendió Aiden mientras reanudaba el paso.

-No te estoy culpando- Katherine explicó-, lo que pasa es que las alturas me ponen realmente mal.

-No nos falta mucho para llegar- Aiden intentó tranquilizarla.

-Tenemos que hacer algo con tu miedo a las alturas- dijo Diego desde atrás de la fila.

-¡Listo!- Aiden exclamó-, cruzamos el puente.

-¡Ves! ¿A que no la pasaste tan mal?- Diego comentó riendo-, el inconveniente que veo es que lo tenemos que cruzar de regreso.

-Diego, prefiero no hablar de eso en este momento- Katherine refutó.

-Vayamos al santuario y terminemos de una vez con esto- Aiden comentó mientras empezaba a caminar en dirección al centro de la pequeña isla.

-Parece ser que una montaña se atravesó en el camino- Diego dijo-, lástima que no hay luz para ver qué tan alta es.

-Yo alcanzo a observar una pequeña abertura unos metros más arriba- Aiden comentó entrecerrando los ojos.

-¿Crees que ésa sea la entrada al santuario?- Diego curioseó mientras empezaba a caminar hacia la cueva.

-Diego, no lo sé- Aiden respondió caminando detrás de él-, es la primera vez que vengo a esta parte.

-Por suerte para nosotros, Nghima no es muy grande- Diego añadió mientras se agachaba para poder entrar por el orificio de la cueva.

-No alcanzo a ver nada- Aiden expuso mirando a su alrededor-. Creo que nunca había estado en un lugar tan oscuro.

-Luigt- Katherine susurró una vez dentro de la cueva.

 

Una esfera de luz blanca salió de las manos de Katherine y flotó elevándose hasta tocar el techo de la cueva; la luz reveló ante sus ojos un lago de agua cristalina que abarcaba la totalidad de la cueva. Al centro del lago se alcanzaba a ver una pequeña roca en la que estaba construido un pedestal de piedra y, sobre él, descansaba una bandeja de vidrio de la que escurrían varios hilos de agua que paraban en el lago.

 

-Les apuesto lo que sea a que dentro de esa bandeja se encuentra el cristal de Nghima- Diego dijo acercándose al agua.

-No me inspira mucha confianza- Katherine señaló-, está muy…

-No hay mucho de qué preocuparse- Diego interrumpió metiendo su bota al agua-. Ven, no hay peligro.

 

Al momento de que la bota de Diego hizo contacto con el agua, se formaron unas pequeñas ondas que crecieron conforme iban avanzando. Diego retiró rápidamente su pie y caminó de reversa sin dejar de poner atención en cómo la onda llegaba hasta el centro del lago.  

-¡Tú y tu manía por actuar sin pensar!- Aiden regañó viendo cómo la pequeña ola cubría por completo la piedra central.

-No tenía idea de que eso pudiera pasar- Diego comentó disculpándose por su comportamiento.

Antes de que alguien pudiera decir algo más, un fuerte temblor sacudió la isla y, segundos después, la roca del centro empezó a hundirse en el agua. Cuando la bandeja quedó sumergida, un torbellino empezó a absorber el agua del lago, vaciándolo en pocos segundos.

-Brillante, Diego. Simplemente brillante- Aiden exclamó burlón.

-Ahora, por lo menos ya no nos mojaremos para llegar a la bandeja- Diego dijo con una sonrisa.

-Sobre todo porque la bandeja desapareció- Katherine apuntó molesta-. ¿Qué hacemos ahora?

-¿Cómo que desapareció?- Diego preguntó volteando a ver hacia la roca.

-Fue succionada junto al agua- Aiden respondió de malas-, lo único que quedó fue un hoyo a la mitad del lago.

-Pues ahí tienes nuestro siguiente movimiento- Diego comentó mientras caminaba nuevamente-, veamos a dónde nos lleva el hoyo.

Katherine y Aiden se voltearon a ver y, sin decir nada, caminaron detrás de Diego, deteniéndose al borde del agujero.

-¿Podrías hacer que la luz pase por aquí?- Aiden preguntó en lo que se hincaba.

 

Katherine asintió con la cabeza y, con un simple movimiento de manos, la esfera de luz descendió del techo de la cueva hasta el hoyo, atravesándolo hasta su descenso. La esfera bajó, iluminando su camino hasta llegar al mar que cubría todo el mundo. Al hacer contacto con la superficie del agua, la esfera desapareció.

-Ya no hay mucho más que hacer- Diego comentó mientras se asomaba por el hoyo-, a menos de que quieran bucear y tratar de localizar la bandeja en lo profundo del mar.

-Podemos buscar otra pista dentro de la cueva- Katherine declaró ignorando el comentario de Diego-, no creo que sirva de mucho, pero por lo menos estaremos haciendo algo.

-Me parece buena idea- Aiden dijo mientras hacía aparecer otra esfera de luz-. En esta ocasión, Diego, quédate detrás de nosotros y no hagas nada.

 

Diego metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y se colocó a espaldas de Aiden, esperando a que se empezara a mover. Aiden y Katherine recorrieron la pequeña cueva en busca de alguna pista que pudiera servirles. A los pocos minutos, los tres se reunieron alrededor del agujero en el que momentos antes se encontraba el pedestal.

-Esto es inútil- dijo Aiden mientras se sentaba en una roca-, ¿tuviste algo de suerte?

-Yo tampoco encontré nada- Katherine respondió decepcionada.

-¿No vieron las manchas verdes cerca de la salida?- Diego preguntó atónito.

-¿Qué manchas?- Aiden dijo levantándose de un salto de la roca-. ¿Por qué no lo mencionaste antes?

-Me dijiste que no hiciera nada- Diego dijo alzando sus hombros.

-Pero si esto es sangre- Katherine comentó después de haber analizado la mancha más de cerca.

-¡No la toques!- Aiden exclamó mientras llegaba a su lado-, podemos trabajar con eso.

 

Aiden se hincó a un lado de Katherine, estiró su mano y mojó dos de sus dedos con la sustancia verde. Posteriormente, se levantó y, con cuidado, acercó la mano a su boca. Susurró una palabra que nadie logró escuchar; después sopló sobre sus dedos y una silueta de color verde claro entró a la cueva.

-¿Qué es eso?- Katherine preguntó sorprendida.

-Si no me equivoco, es una proyección de Kehfill- Diego expresó mientras se acercaba a ellos.

-¿Cómo pudiste crear eso?- Katherine preguntó.

-Veamos qué fue lo que nuestro amigo hizo- Aiden comentó en lo que se paraba y seguía a la silueta.

 

La sombra de Kehfill caminó por la orilla del lago hasta llegar a una gran roca, la rodeó con cuidado de no pisar el agua y, de la parte de atrás, consiguió un pequeño bote de madera.

-¡Ves como sí había manera de cruzar el lago!- Aiden exclamó mientras veía como la sombra utilizaba un palo de madera para remar.

-Ninguno de nosotros cabía en ese pedazo de madera- se defendió Diego- y, la verdad, no puedo creer que sigan con ese tema.

-¿De esa cosa sale toda la luz del mundo?- Katherine preguntó sorprendida mientras la silueta de Kehfill sacaba de la bandeja una amatista en forma de lágrima y la guardaba en una bolsa que le colgaba del hombro.

 

Después de que la sombra tomó el cristal, regresó al otro lado del lago sobre la barca, la depositó detrás de la roca y corrió hacia la salida. Al momento de que la silueta atravesó la salida, el hechizo se rompió y la oscuridad se adueñó nuevamente de la cueva.

-¡Qué interesante!- Aiden sentenció sin moverse de su lugar.

-¿Por qué no seguimos a la sombra hasta que nos lleve al escondite de Kehfill?- Katherine preguntó.

-Porque el hechizo se limita al lugar donde se encuentra la sangre- Aiden explicó mientras caminaba hacia la salida.

-No sé ustedes, pero siento que lo que acabamos de ver fue una pérdida de tiempo- Diego comentó antes de salir de la cueva.

-¿Qué es lo que dices?- Aiden reprochó molesto.

-Ya sabíamos que Kehfill había robado el cristal- Diego respondió-, y eso fue lo que vimos.

-¿Qué sugieres que hagamos a continuación?- Katherine preguntó una vez fuera de la cueva.

-Opino que cada quien tome un camino diferente, utilice los métodos que conozca para rastrear y localice a Kehfill- Diego sugirió.

-No harás una competencia de esto ¿o sí?- Katherine interrumpió.

-Me conoces bien, mi querida aprendiz- Diego refutó esbozando una sonrisa-; el primero que localice a Kehfill se quedará con la recompensa que Kehfar nos dé.

-Sabes que a mí no me interesan mucho esas cosas- Aiden comentó.

-Perdón por ponerle un poco de emoción al asunto, si resulta que tú eres el ganador te llevarás toda la gloria y el reconocimiento.

-Eres imposible- Aiden expresó dando media vuelta y caminando hacia el puente.

-Katherine, te deseo suerte en la búsqueda- Diego dijo-, compites contra lo mejor de lo mejor.

-Diego, no me subestimes- Katherine dijo antes de desaparecer de ese lugar y dejarlo solo en la isla central de Nghima.

-¡Que comience la cacería!-  Diego gritó agitado.

 

De esa manera los tres compañeros se separaron para tratar de encontrar al ladrón de la luz.

 

-¡Por fin, tranquilidad!- Diego exclamó para sí mismo cuando se quedó solo-, ahora sí puedo trabajar sin interrupciones.

Volteó a su alrededor para cerciorarse de que nadie estuviera cerca: se sentó, cruzó las piernas y cerró los ojos. En esa posición se quedó, inhaló y exhaló el aire espeso de Nghima. Pasaron un par de minutos y Diego abrió los ojos, dio una fuerte palmada y una luz intensa iluminó todo Nghima por una fracción de segundo.

 

Se levantó con una sonrisa en el rostro, las sombras seguían cubriendo el mundo, pero los ojos de Diego la atravesaban como un cuchillo a la mantequilla.

-Veamos qué tenemos por aquí- Diego dijo en voz baja mientras caminaba hacia la entrada de la cueva.

-Aquellos dos investigaron el interior de la cueva, pero olvidaron el exterior- Diego continuó diciendo.

 

Una vez que había llegado a la entrada del subterráneo, se hincó y comenzó a observar a los alrededores. Tomó un poco del pasto y se lo acercó a su nariz, pasó un dedo sobre la superficie de una gran piedra y lo metió a su boca. A los pocos segundos, escupió un poco de saliva al piso y, para terminar, agarró un puñado de tierra que había mezclado con baba y lo lanzó hacia el cielo.

 

La tierra quedó suspendida en el aire y formó un camino en el interior de la cueva. Diego, sin dejar de sonreír, se levantó y caminó siguiendo el rastro de la tierra hacia el interior de la caverna.

-Engañaste a los otros dos, mi amigo, pero yo no caeré tan fácil- Diego dijo mientras observaba las paredes de la cueva que eran lisas y no tenían ninguna grieta ni desperfecto, excepto un pequeño lugar al fondo en el que había varias piedras apiladas. Diego se acercó a ellas y las retiró sin esfuerzo dejando al descubierto un hoyo por el que podía salir.

-¡Conque por aquí escapaste!- Diego expresó, al mismo tiempo, que se agachaba y atravesaba el hoyo.

 

Una vez fuera se paró en un pequeño pedazo de tierra. En ese lugar, sólo había un arbusto en el que se encontraba amarrada una cuerda.

-¡Qué curioso!- Diego dijo sorprendido mientras sujetaba la cuerda para analizarla, ¡espero que aguante mi peso!

Diego se colocó en la orilla del pedazo de tierra con la cuerda bien apretada y, sin pensarlo dos veces, comenzó a descender.

 

Mientras tanto, en otra de las islas que conforman a Nghima, Katherine y Aiden caminaban en la oscuridad.

-¿Por qué no estamos haciendo nada?- Katherine expresó.

-Decidí que es una buena oportunidad para que Diego aprenda una lección- Aiden respondió sin parar la marcha.

-¿A dónde vamos?- Katherine preguntó tratando de ver a su alrededor.

-Encontré un buen lugar para descansar la primera vez que estuve aquí.

-¿Confías en que Diego pueda encontrar a Kehfill?

-Conozco pocas personas que sepan seguir un rastro mejor que él. De hecho, ¿notaste el destello de luz?

-Fue como un rayo -Katherine respondió-, duró tan poco tiempo que creí que lo había imaginado. ¿Qué significa eso?

-Significa que Diego está haciendo el trabajo- Aiden contestó con una mueca mientras tomaba asiento y recargaba su espalda contra una gran roca.

-¿Diego provocó ese rayo?- Katherine exclamó en lo que se sentaba también.

-Es una magia antigua, pero sencilla- Aiden dijo restándole importancia al asunto-, lo que hace es que te permite ver con claridad en cualquier entorno.

-Diego está empecinado con esta misión, ¿no deberíamos ayudarlo?- Katherine pronunció.

-Katherine, podemos participar en los juegos de Diego y seguir fomentando su conducta o dejar que se dé cuenta de que las cosas no funcionan así.

-Entonces, ¿nos quedamos aquí acostados sin hacer nada?

-Ésa es la idea- Aiden respondió mientras ponía sus manos atrás de su cabeza y bostezaba.

 

Katherine se quedó unos momentos viendo a Aiden sin estar convencida de estar haciendo lo correcto, pero al ver que su amigo cerraba los ojos y sonreía, decidió hacer lo mismo que él y relajarse sobre una capa de musgo acolchonada.

 

Entretanto, Diego ya había terminado de descender por la cuerda hasta un pequeño pedazo de tierra de una extensión de no más de tres metros cuadrados. Al llegar se dio cuenta de que toda la superficie estaba removida y se alcanzaba a ver una placa de metal. Diego se agachó esbozando una risita, tomó la manija e hizo fuerzas con las piernas para terminar levantando la placa y revelar un pasaje estrecho al interior.

-¡Vaya, vaya!- Diego exclamó emocionado mientras entraba por la abertura-, qué inesperado cambio de eventos.

 

El interior estaba aún más oscuro que el exterior, pero Diego podía ver con claridad hasta el más mínimo detalle. En el piso podían verse unas pequeñas huellas de lodo que se adentraban en el pequeño pasaje y sólo había un camino serpenteante que se adentraba en el pequeño mundo. Diego, sobreexcitado, empezó a seguir las huellas. Había partes del camino en las que se tenía que agachar y, otras, que debía atravesar pecho tierra. Después de diez minutos de forcejear contra las rocas, empezó a escuchar movimiento frente a él. Diego aminoró el paso para no hacer ningún ruido y recorrió los últimos metros en silencio total. Al final del camino, había una gran cueva repleta de cajas de diferentes tamaños, algunas ya cubiertas de moho; además, de dos lámparas oxidadas que iluminaban el espacio. Ya adentro era inevitable el fuerte olor a humedad, que a ratos hacía insoportable poder permanecer ahí. Al fondo de la cueva se encontraba Kehfill, de espaldas a la entrada, trabajando sobre una mesa de madera.

 

Diego, después de haber analizado sus opciones, empezó a caminar sigilosamente para esquivar las cajas de madera que había en su camino. En ese momento, lo único que se escuchaba era el rasgueo que la pluma de Kehfill producía mientras escribía en el papel. Cuando estaba por llegar al centro de la cueva, se escuchó un fuerte latigazo y, segundos después, una jaula metálica cayó del techo, atrapando a Diego, que se había quedado estático por la sorpresa.

 

-Sabía que mi padre no tardaría en pedir ayuda, él es tan predecible- Kehfill comentó sin levantar la vista de la hoja-. ¿Quién eres?

-Mi nombre es Diego y vengo para recuperar el cristal que robaste.

-¡Una persona directa y honesta!- Kehfill argumentó sorprendido-. Aprecio esas cualidades, ¡vaya que sí!

-¿Por qué te robaste la luz de tu mundo?- Diego inquirió para ganar algo de tiempo.

-¿Sabes cuánto están dispuestos a pagarme por ella?- Kehfill respondió volteando a ver a su prisionero.

-La verdad no conozco ese tipo de cambio- Diego dijo de manera sarcástica-, pero imagino que será una cantidad sustanciosa si permitió que traicionaras a tu mundo.

-Mi comprador me ofreció ganar lo que muy poca gente puede darme- Kehfill afirmó con un gesto malicioso.

-Y, ¿se puede saber qué te prometió?- Diego sondeó mientras colocaba sus manos en los barrotes de metal.

-No lo diría normalmente, pero al saber que tu fin se encuentra cerca… no veo por qué no decirlo. Me ofreció una salida de este mundo y montañas de oro -Kehfill confesó dándole la espalda a Diego-.

-¿A qué te refieres con que mi fin está cerca?

-Esta cueva se llenará de agua en un par de horas, de hecho sólo se vacía cinco horas a la semana, el resto del tiempo desaparece bajo el mar de Nghima.

-Y por tu expresión deduzco que me quedan escasos minutos de esas cinco horas, ¿cierto?

-No sólo eres honesto, ¡eres inteligente también!-Kehfill comentó-, es una lástima que no vayas a salir de ésta. ¡Qué pena, vaya que sí!

 

Antes de que Diego pudiera decir algo más, Kehfill dobló la hoja, caminó hacia una pequeña caja de madera y la abrió. Al hacerlo, un destello de luz morada iluminó toda la cueva, pero Kehfill depositó la hoja y cerró la caja lo más rápido posible.

-Me apena dejarte en estas condiciones, vaya que sí- Kehfill dijo mientras agarraba la caja y caminaba hacia la salida de la cueva-.

-No me tienes que dejar aquí, -Diego comentó dibujando una sonrisa-, pero Kehfill ya había desparecido.

 

Después de unos segundos, Diego colocó sus manos sobre las barras, susurró una palabra y, al poco tiempo, el metal que estaba bajo sus manos empezó a cambiar de color de gris a un rojo vivo. Repitió el proceso con varias de las barras y, al final, quitó las manos y le dio una fuerte patada, lo que ocasionó que varios tubos de metal al rojo vivo volaran en distintas direcciones.

-Lamento decepcionarte, Kehfill, amigo mío. Pero mi fin no será en una jaula, -Diego aseveró mientras atravesaba el hoyo que, minutos antes, había formado-. Ahora sólo tengo que alcanzarte y ganar la apuesta.

 

Antes de que se pusiera en marcha, empezó a escuchar cómo pequeñas gotas de agua caían desde el techo de la cueva. Preocupado, emprendió el paso en dirección al camino serpenteante que lo llevaría a la salida de aquel lugar. Un pequeño, pero constante hilo de agua caía por el túnel, lo que hacía el camino más resbaloso. Conforme avanzaba, aumentaba el volumen de agua que entraba. El ritmo de Diego era constante, pero su ropa mojada y enlodada le dificultaba el avance. Después de varios resbalones, raspones y golpes logró llegar a la salida del lugar.

 

Al abrir la placa metálica descubrió que el agua estaba cerca de cubrir la totalidad del espacio. Después, volteó para arriba y, para su sorpresa, descubrió que Kehfill no había quitado la cuerda. Decidido, agarró la cuerda y empezó a ascender con la ayuda de ella.

-Ojalá la paga sea buena- Diego comentó entre jadeos al terminar de subir por la cuerda-. ¿En dónde puedes estar, pequeña rata?

 

Enojado, regresó al santuario por el mismo hoyo que había utilizado para salir y vio que el pequeño lago estaba lleno de agua y en el centro se encontraba la misma bandeja de vidrio sobre el pedestal de piedra.

-¡Qué lugar tan misterioso!- Diego expresó mientras buscaba una forma para cruzar el lago.

Después de un rápido escaneo a la cueva, se lanzó de un clavado al lago y empezó a nadar hacia la otra orilla. Al momento de que su cuerpo hizo contacto con el agua, las ondas empezaron a cubrir la roca central y el pedestal empezó lentamente a descender. Diego sintió como una fuerte corriente lo jalaba hacia el centro del lago y utilizo todas sus fuerzas para luchar contra la fuerza que lo arrastraba poco a poco. Pasaron unos minutos y el agua del lago había desaparecido, lo único que se veía era a Diego bocarriba, y su pecho que subía y bajaba rápidamente con cada jadeo que daba.

-Ya van dos veces que hago lo mismo- Diego se reclamó a sí mismo-, lo bueno es que ya no tengo lodo por todas partes. Posteriormente, Diego con la energía que le quedaba en su cuerpo, se levantó y empezó a caminar rumbo a la salida de la cueva.

-Espero que no esté lejos- Diego dijo al salir del agujero-, ya me estoy cansando.

Sin muchos ánimos y deteriorado, con la ropa chorreando de mugre, siguió las huellas que Kehfill había dejado al salir de la cueva hacia el norte de Nghima.

 

-¡Silencio!, alguien viene- Aiden comentó incorporándose de golpe.

-Yo también lo escucho –Katherine susurró-, por lo visto no le preocupa mucho ser descubierto, viene cantando.

-“Y así fue como Kehfill se fue de su mundo, robando el cristal, tomando la luz…”.

-¡Es Kehfill!-Katherine exclamó sorprendida-, tendámosle una emboscada.

Aiden y Katherine se pararon en silencio y se colocaron detrás de los árboles en posiciones estratégicas para poder atrapar a Kehfill.

-“Su padre lloró, su madre se preocupó, su hermano no lo creyó capaz. Pero Kehfill sorprendió a todos”.

 

Cuando la pequeña criatura estaba a un lado de Katherine se detuvo en seco y la volteó a ver.

-¿Quién eres tú?-, Kehfill preguntó sorprendido.

Antes de que Katherine pudiese contestar, Aiden salió de las sombras con una red en las manos. Veloz como un rayo apresó a Kehfill y lo levantó del suelo sin mucho esfuerzo.

-¿Qué es lo que está pasando?- Kehfill gritó moviendo sus extremidades de un lado a otro para romper la red.

-Esto fue fácil- Katherine comentó viendo directamente a Kehfill.

-Si me sueltan les puedo decir en dónde se encuentra Diego –Kehfill sentenció-, probablemente, lo encuentren con vida si se apresuran.

-No me preocuparía mucho por él- Diego contestó con un gruñido al momento de llegar a su lado.

-¿Se puede saber qué es lo que pasó contigo?- Katherine preguntó tratando de no reírse.

-Perseguí a esta criatura por diferentes lugares; me arrastré en el lodo, me encerró en una jaula y, ¿ustedes lo atraparon con una simple red a mitad de un campo abierto?

-¿Qué te puedo decir, Diego?- Aiden comentó mientras empezaban a caminar hacia el castillo de Kehfar-, hay veces que la cabeza puede más que la fuerza bruta.

 

Los tres amigos empezaron a caminar en silencio interrumpidos por las constantes quejas de Kehfill; atravesaron otro puente, caminaron entre piedras y flores, hasta cruzar un pequeño río que los conectó con el castillo de Kehfar.

 

Kehfar se encontraba tratando de cortar las flores marchitas en los jardines de su terreno. Al escuchar los lamentos de Kehfill, el rey levantó la vista y vio que las personas que había contratado se acercaban con su hijo prisionero en una red.

-Me da gusto que hayan cumplido con la tarea encomendada- Kehfar afirmó-, pero me invade una honda tristeza al darme cuenta que mi propio hijo me traicionó de esta manera.

-¡Yo sólo quería tener una oportunidad para salir de aquí!- Kehfill gritó al momento de caer al piso-, cualquiera hubiera hecho lo mismo.

-Nadie hubiero puesto su propio bien por encima del bien común- Kehfar alegó mientras cinco guardias rodeaban a Kehfill y lo escoltaban al interior del castillo.

-Gracias por devolver la luz a Nghima-, Kehfar agradeció mientras agarraba la caja que transportaba a su hijo-, espero que no les haya dado mucho problema.

-Fue un gusto- Aiden expresó mientras inclinaba su cabeza.

-Se entregó prácticamente solo- Katherine añadió.

-Aquí tienen su paga- comentó Kehfar al sacar una bolsa de su cinturón-, se la ganaron.

-Esperemos que nuestro siguiente encuentro sea en mejores circunstancias- Aiden comentó mientras tomaba la bolsa y la lanzaba a Diego-. Si nos disculpa, tenemos asuntos pendientes en otros lugares.

-¡Claro, claro! Imagino que son personas muy ocupadas- Kehfar agradeció alegremente.

 

Katherine, Diego y Aiden se despidieron de Kehfar, quien se mostraba plenamente agradecido, y dieron media vuelta. Para sorpresa de la pequeña criatura, un círculo de luz apareció frente a ellos, lo atravesaron y se fueron de Nghima.

 

Kehfar abrió la caja que tenía en las manos y un destello de luz morado iluminó el cielo, lo que significaba el retorno de la luz a su mundo.

 

FIN

 

 

Nghima y su luz © Diego Diz Rodríguez

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