Aiden, Katherine y Diego llegaron al borde de la primera isla que conformaba Nghima. Una gran cascada caía hasta lo profundo del mar, y conectaba con la superficie de ese mundo. Debido a la oscuridad no se veía nada a pocos metros de distancia, ni se alcanzaba a percibir el momento en que los dos cuerpos de agua entraban en contacto.

-¿Cómo llegaremos a un lugar que ni siquiera podemos ver?- Diego interrogó a sus amigos.

-Se te olvida que yo ya había estado aquí- Aiden dijo-, sé cómo moverme en estas tierras.

 

Continuaron avanzando cuidadosamente en la oscuridad para no tropezarse con las rocas filosas que había por toda la orilla y caer al borde.

¿Qué es lo que buscamos?- Diego preguntó en el momento que comenzó a desesperarse.

-¡Lo encontré!- Aiden exclamó emocionado-, esto es lo que nos llevará a la isla central.

-¿Un puente colgante?- Katherine respondió algo decepcionada-, esperaba algo más exótico.

-Cada isla tiene un puente que conecta con la isla central- Aiden expuso riendo-. Vamos, crucemos el puente.

-Sabes que no me gustan las alturas- Katherine expuso mientras se acercaba al puente.

-Lo bueno es que con la oscuridad no se ve prácticamente nada- Diego animó.

-Yo iré primero- Aiden aclaró-. Katherine, puedes ir después y Diego al final.

-Me parece bien- Katherine comentó poco convencida-. ¿Qué tan largo es el puente?

-Cerca de 200 metros- Aiden respondió mientras empezaba a caminar por el puente de madera.

-¿Y estás seguro de que nos aguantará?- Diego inquirió saltando un poco.

-¡No hagas eso!- Katherine regañó agarrándose con firmeza de las cuerdas que servían como barandal.

-Lo digo porque si los que usan el puente miden lo mismo que su rey…- empezó a decir Diego.

-¿Podemos cambiar de tema?- Katherine expresó.

-¿Cómo conociste este lugar?- Diego intervino.

-Llegué a él gracias a un libro que encontré en tu biblioteca- Aiden contestó sin dejar de caminar-, vine por primera vez hace un par de años.

-¡Qué interesante!- Diego interrumpió con sarcasmo.

-Si no te interesa saber, ¿para qué preguntas?- Aiden dijo frenándose en seco.

-¿Pueden seguir caminando?- Katherine cuestionó enojada-, si quieren discutir háganlo al bajar del puente.

-No me puedes culpar por reaccionar de esa manera- se defendió Aiden mientras reanudaba el paso.

-No te estoy culpando- Katherine explicó-, lo que pasa es que las alturas me ponen realmente mal.

-No nos falta mucho para llegar- Aiden intentó tranquilizarla.

-Tenemos que hacer algo con tu miedo a las alturas- dijo Diego desde atrás de la fila.

-¡Listo!- Aiden exclamó-, cruzamos el puente.

-¡Ves! ¿A que no la pasaste tan mal?- Diego comentó riendo-, el inconveniente que veo es que lo tenemos que cruzar de regreso.

-Diego, prefiero no hablar de eso en este momento- Katherine refutó.

-Vayamos al santuario y terminemos de una vez con esto- Aiden comentó mientras empezaba a caminar en dirección al centro de la pequeña isla.

-Parece ser que una montaña se atravesó en el camino- Diego dijo-, lástima que no hay luz para ver qué tan alta es.

-Yo alcanzo a observar una pequeña abertura unos metros más arriba- Aiden comentó entrecerrando los ojos.

-¿Crees que ésa sea la entrada al santuario?- Diego curioseó mientras empezaba a caminar hacia la cueva.

-Diego, no lo sé- Aiden respondió caminando detrás de él-, es la primera vez que vengo a esta parte.

-Por suerte para nosotros, Nghima no es muy grande- Diego añadió mientras se agachaba para poder entrar por el orificio de la cueva.

-No alcanzo a ver nada- Aiden expuso mirando a su alrededor-. Creo que nunca había estado en un lugar tan oscuro.

-Luigt- Katherine susurró una vez dentro de la cueva.

 

Una esfera de luz blanca salió de las manos de Katherine y flotó elevándose hasta tocar el techo de la cueva; la luz reveló ante sus ojos un lago de agua cristalina que abarcaba la totalidad de la cueva. Al centro del lago se alcanzaba a ver una pequeña roca en la que estaba construido un pedestal de piedra y, sobre él, descansaba una bandeja de vidrio de la que escurrían varios hilos de agua que paraban en el lago.

 

-Les apuesto lo que sea a que dentro de esa bandeja se encuentra el cristal de Nghima- Diego dijo acercándose al agua.

-No me inspira mucha confianza- Katherine señaló-, está muy…

-No hay mucho de qué preocuparse- Diego interrumpió metiendo su bota al agua-. Ven, no hay peligro.

 

Al momento de que la bota de Diego hizo contacto con el agua, se formaron unas pequeñas ondas que crecieron conforme iban avanzando. Diego retiró rápidamente su pie y caminó de reversa sin dejar de poner atención en cómo la onda llegaba hasta el centro del lago.  

-¡Tú y tu manía por actuar sin pensar!- Aiden regañó viendo cómo la pequeña ola cubría por completo la piedra central.

-No tenía idea de que eso pudiera pasar- Diego comentó disculpándose por su comportamiento.

Antes de que alguien pudiera decir algo más, un fuerte temblor sacudió la isla y, segundos después, la roca del centro empezó a hundirse en el agua. Cuando la bandeja quedó sumergida, un torbellino empezó a absorber el agua del lago, vaciándolo en pocos segundos.

-Brillante, Diego. Simplemente brillante- Aiden exclamó burlón.

-Ahora, por lo menos ya no nos mojaremos para llegar a la bandeja- Diego dijo con una sonrisa.

-Sobre todo porque la bandeja desapareció- Katherine apuntó molesta-. ¿Qué hacemos ahora?

-¿Cómo que desapareció?- Diego preguntó volteando a ver hacia la roca.

-Fue succionada junto al agua- Aiden respondió de malas-, lo único que quedó fue un hoyo a la mitad del lago.

-Pues ahí tienes nuestro siguiente movimiento- Diego comentó mientras caminaba nuevamente-, veamos a dónde nos lleva el hoyo.

Katherine y Aiden se voltearon a ver y, sin decir nada, caminaron detrás de Diego, deteniéndose al borde del agujero.

-¿Podrías hacer que la luz pase por aquí?- Aiden preguntó en lo que se hincaba.

 

Katherine asintió con la cabeza y, con un simple movimiento de manos, la esfera de luz descendió del techo de la cueva hasta el hoyo, atravesándolo hasta su descenso. La esfera bajó, iluminando su camino hasta llegar al mar que cubría todo el mundo. Al hacer contacto con la superficie del agua, la esfera desapareció.

-Ya no hay mucho más que hacer- Diego comentó mientras se asomaba por el hoyo-, a menos de que quieran bucear y tratar de localizar la bandeja en lo profundo del mar.

-Podemos buscar otra pista dentro de la cueva- Katherine declaró ignorando el comentario de Diego-, no creo que sirva de mucho, pero por lo menos estaremos haciendo algo.

-Me parece buena idea- Aiden dijo mientras hacía aparecer otra esfera de luz-. En esta ocasión, Diego, quédate detrás de nosotros y no hagas nada.

 

Diego metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y se colocó a espaldas de Aiden, esperando a que se empezara a mover. Aiden y Katherine recorrieron la pequeña cueva en busca de alguna pista que pudiera servirles. A los pocos minutos, los tres se reunieron alrededor del agujero en el que momentos antes se encontraba el pedestal.

-Esto es inútil- dijo Aiden mientras se sentaba en una roca-, ¿tuviste algo de suerte?

-Yo tampoco encontré nada- Katherine respondió decepcionada.

-¿No vieron las manchas verdes cerca de la salida?- Diego preguntó atónito.

-¿Qué manchas?- Aiden dijo levantándose de un salto de la roca-. ¿Por qué no lo mencionaste antes?

-Me dijiste que no hiciera nada- Diego dijo alzando sus hombros.

-Pero si esto es sangre- Katherine comentó después de haber analizado la mancha más de cerca.

-¡No la toques!- Aiden exclamó mientras llegaba a su lado-, podemos trabajar con eso.

 

Aiden se hincó a un lado de Katherine, estiró su mano y mojó dos de sus dedos con la sustancia verde. Posteriormente, se levantó y, con cuidado, acercó la mano a su boca. Susurró una palabra que nadie logró escuchar; después sopló sobre sus dedos y una silueta de color verde claro entró a la cueva.

-¿Qué es eso?- Katherine preguntó sorprendida.

-Si no me equivoco, es una proyección de Kehfill- Diego expresó mientras se acercaba a ellos.

-¿Cómo pudiste crear eso?- Katherine preguntó.

-Veamos qué fue lo que nuestro amigo hizo- Aiden comentó en lo que se paraba y seguía a la silueta.

 

La sombra de Kehfill caminó por la orilla del lago hasta llegar a una gran roca, la rodeó con cuidado de no pisar el agua y, de la parte de atrás, consiguió un pequeño bote de madera.

-¡Ves como sí había manera de cruzar el lago!- Aiden exclamó mientras veía como la sombra utilizaba un palo de madera para remar.

-Ninguno de nosotros cabía en ese pedazo de madera- se defendió Diego- y, la verdad, no puedo creer que sigan con ese tema.

-¿De esa cosa sale toda la luz del mundo?- Katherine preguntó sorprendida mientras la silueta de Kehfill sacaba de la bandeja una amatista en forma de lágrima y la guardaba en una bolsa que le colgaba del hombro.

 

Después de que la sombra tomó el cristal, regresó al otro lado del lago sobre la barca, la depositó detrás de la roca y corrió hacia la salida. Al momento de que la silueta atravesó la salida, el hechizo se rompió y la oscuridad se adueñó nuevamente de la cueva.

-¡Qué interesante!- Aiden sentenció sin moverse de su lugar.

-¿Por qué no seguimos a la sombra hasta que nos lleve al escondite de Kehfill?- Katherine preguntó.

-Porque el hechizo se limita al lugar donde se encuentra la sangre- Aiden explicó mientras caminaba hacia la salida.

-No sé ustedes, pero siento que lo que acabamos de ver fue una pérdida de tiempo- Diego comentó antes de salir de la cueva.

-¿Qué es lo que dices?- Aiden reprochó molesto.

-Ya sabíamos que Kehfill había robado el cristal- Diego respondió-, y eso fue lo que vimos.

-¿Qué sugieres que hagamos a continuación?- Katherine preguntó una vez fuera de la cueva.

-Opino que cada quien tome un camino diferente, utilice los métodos que conozca para rastrear y localice a Kehfill- Diego sugirió.

-No harás una competencia de esto ¿o sí?- Katherine interrumpió.

-Me conoces bien, mi querida aprendiz- Diego refutó esbozando una sonrisa-; el primero que localice a Kehfill se quedará con la recompensa que Kehfar nos dé.

-Sabes que a mí no me interesan mucho esas cosas- Aiden comentó.

-Perdón por ponerle un poco de emoción al asunto, si resulta que tú eres el ganador te llevarás toda la gloria y el reconocimiento.

-Eres imposible- Aiden expresó dando media vuelta y caminando hacia el puente.

-Katherine, te deseo suerte en la búsqueda- Diego dijo-, compites contra lo mejor de lo mejor.

-Diego, no me subestimes- Katherine dijo antes de desaparecer de ese lugar y dejarlo solo en la isla central de Nghima.

-¡Que comience la cacería!-  Diego gritó agitado.

 

De esa manera los tres compañeros se separaron para tratar de encontrar al ladrón de la luz.

 

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 Nghima y su luz © Diego Diz Rodríguez

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